“Dejemos en nuestra vida la huella de la santidad”

lunes, 14 mayo 2018

“Las criaturas marcamos una huella, marcamos un rostro, un rastro de Dios; la huella es tu trabajo, tu familia, tu esfuerzo; pero dejas una huella. Y en esa huella podemos mirar los demás cuán grande es Dios, ese es el tema, habrá gente que dejará una huella que no se sabe de dónde viene, pero dejará su huella. En el caso de Don Álvaro, ese rastro, esa huella, por donde la vemos nos conduce a Dios, por eso podemos decir que Dios ocupaba en su alma todo; y por eso podemos decir que ese mensaje del Opus, de hacer divinos los caminos humanos de la tierra, hay que dejar la huella divina – humana, el trabajo, la enfermedad, el estudio, pero ahí deja una huella”. Con estas palabras el Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, se dirigió a los fieles que llegaron para la fiesta del Beato Don Álvaro del Portillo, en la parroquia San Josemaría Escrivá en San Borja, el último sábado 12 de mayo.

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En otro momento, el Cardenal del Perú meditó en torno a la vida del Beato Álvaro recordando que siempre su vida era un reflejo del amor a Dios.

“Don Álvaro predicaba lo que vivía, nunca decía algo que él no procuraba vivir, y lo decía con tanta frecuencia: la felicidad que todos buscamos es ver a Dios, y tú me dirás ¿en estos tiempos no tiene, usted una idea un poco mejor? No, no tengo porque justamente en tiempos de tanto movimiento, de tanto cambio, de tantas opiniones, de tantas originalidades, es cuanto más tenemos que entrar al fondo: yo quiero ver a Dios, que es lo eterno, lo permanente, siempre”.

También recordó la gran amistad de Don Álvaro con San Josemaría; y de la paz que trasmitía a todos con su mensaje de tener claro el camino al cielo.

“Don Álvaro estaba tan seguro de ello que por eso tenía una paz habitual, nada te puede quitar la paz cuando tienes la certeza: yo voy hacia el cielo, pero ojo la escalera para ir al cielo, está aquí. Yo no puedo ir al cielo si tengo un mal carácter, si soy flojo, si no me preocupan los demás, sino cambio, no busquemos un cielo místico, hay una escalera y hay que ir subiendo día a día con mucha paz”.

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Finalmente, el Arzobispo de Lima pidió a los fieles a esforzarse en vivir esa alegría de Dios en cada momento de nuestra vida.

“En Don Álvaro veíamos ese buen humor, el Papa lo está diciendo ahora, me gusta mucho porque se lo había escuchado siempre a San Josemaría, a Don Álvaro y a Don Javier, el buen humor, cuando decía San Josemaría, que, en esos comienzos de la obra, algunos comentaban: ¿ustedes hacen algún voto de alegría? Y es que la gente cuando iba a frecuentar esos primeros lugares del Opus Dei, veía una alegría, y yo te pregunto: ¿en tu casa, en tu familia, en tu trabajo, preside el buen humor? Tu buen humor es el gran atractivo para que la gente se acerque a Dios”.

Estuvieron presentes en la Santa Misa el padre Emilio Arizmendi, vicario regional del Opus Dei en el Perú; el padre Rafael Sevilla, párroco de la parroquia de San Josemaría Escrivá; y la familia del Opus Dei en el Perú.

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