Treinta años unido a Cristo y a la Iglesia

jueves, 5 julio 2018

“Estos largos años realmente ha sido iluminar, sembrar, mirar, comprender, callar, escuchar, como nos pasa a todos en un matrimonio, en la juventud, en la enfermedad”. Con estas palabras el Cardenal Juan Luis Cipriani inició la homilía durante la celebración de su 30° aniversario de Ordenación Episcopal con la presencia de cientos de fieles que llenaron la Catedral de Lima.


En Ayacucho dejé mi corazón:

En otro momento, el Cardenal recordó los 11 años que pasó en Ayacucho.

“El Señor quiso llevarme a esa escuela para aprender a querer, a perdonar, y también a entregar la vida de manera real, por amor a la Iglesia, así fue. Él bien lo sabe, Jesús bien sabe, cuánto abandono, cuánta desolación, y tuve tanta paciencia, por cerros, quebradas. Todo esto lo digo hoy porque ojalá algún día, realmente conozcan el corazón que tiene este Obispo, no lo conocen, porque en otras cosas el Señor me envió a servir a los más pobres, los que vivían en violencia, en ese queridísimo pueblo Ayacuchano, ahí aprendí muchas cosas, a querer a la gente, escucharlos, perdonar y entregar la vida de manera real por amor a la Iglesia”.

También afirmó que en todo su trabajo pastoral siempre sintió la ternura de Dios, uniendo siempre su vida a Cristo.

“Sin Cristo nada, sin esa unión con Cristo todo lo que hacemos es ruido y estorbar y sí se los digo, en esa lucha de 30 años unido a Él, con Él, y tenazmente buscando la unidad en la Iglesia para ser luz, para iluminar tanta oscuridad. El mundo está un poco oscuro y está pidiendo a gritos que nosotros, hijos de Dios, construyamos puentes, comprensión, cariño, un cariño con verdad, fortaleza, para amortiguar las dificultades que la vida lleva cada consigo poniendo cada uno su granito, sonrisa, buen humor, esto es lo que nos está repitiendo el Papa Francisco, una y otra vez”.


Manchay, espejo de Ayacucho:

Asimismo, contó a los fieles, su llegada a Lima y cómo vio en Manchay el reflejo del Ayacucho.

“Han pasado 11 años en Ayacucho, benditos años, de servir, construir unidad, con la verdad y la caridad y pronto descubrí un espejo de lo que había dejado de Ayacucho, en Manchay. Me costó mucho dejar Ayacucho, y porque cuando uno vive esa experiencia de dolor y luego ve la paz y surgir un pueblo es algo que no se olvida. Llegué a Lima y al ver ese rincón, encontré tantas similitudes, cuando vi todo eso me dio una enorme esperanza, esto sí lo conozco, este rincón me es familiar hasta el día de hoy, realmente lo recuerdo”.

He procurado cuidar el Seminario, las vocaciones y los sacerdotes:

También afirmó que, tanto en Ayacucho como en Lima, su primera misión ha sido cuidar el seminario, las vocaciones y los sacerdotes ayudándolos en todo momento a buscar la santidad en su trabajo pastoral.

“Procuré también en estos años, cuidar el seminario, cuidar a los sacerdotes, y sí les digo con toda franqueza, para mi cuidar es ayudarnos a ser santos, y a veces la exigencia se puede interpretar como dureza, no es dureza les digo. No conocen el corazón de este Obispo, no es dureza, pero complicidad con lo que no está bien, tampoco. De esa manera hemos llegado a estos 30 años con un seminario que va delante, con unas vocaciones que van adelante y que son la esperanza de la Iglesia y de la Arquidiócesis”.


Los encargos de la Santa Sede:

Comentó los encargos que a lo largo de estos años la Santa Sede le encomendó.

“Al llegar de Lima, todavía recuerdo a un hombre santo, monseñor Baldelli, ya murió, un santo. Y recuerdo llamarme a las semanas de venido a Lima y trasmitirme un encargo de la Santa Sede, que me obligó a dedicar por más de 10 o 15 años, a buscar, unir, rescatar la identidad católica que la Santa Sede reclamaba para unas instituciones. Y ahí surge el obedecer, porque hay que procurar obedecer lo que te pide el Santo Padre”.

“Este es el origen, los papeles, los documentos sobran, esta es la realidad de un encargo sumamente difícil, y delicado, años y años entregado con rectitud sin pretender imponer una idea personal, sino que uno tiene que ser en su trabajo discreto, no se puede pregonar todo lo que los superiores nos piden y así he ido cabalgando en estos años, como ocurrió en la embajada de Japón, otro encargo de la Santa Sede”.

Gracias a mis Hermanos Obispos:

También agradeció a los obispos que lo acompañaron en la celebración y de todos los que ha conocido y conoce a lo largo de su pastoral.

“Gracias a mis Hermanos Obispos sin excluir a ninguno, unidad que no es uniformidad. En estos tiempos más que nunca en que la Iglesia nos pide, y lo decía el Papa, unidad. Recuerdo también a los Obispos difuntos, en fin, a todos los sacerdotes, no solamente agradecerles, y también pedirles perdón, cuantas omisiones, muchas, cuántas veces el carácter ha ido más allá de la caridad”.


Levanto la voz por la vida y la familia como peruano:

Finalmente, afirmó que antes de ser sacerdote, obispo, y cardenal es un peruano que mantiene y defiende las raíces profundas de nuestro Perú.

“Antes de ser Sacerdote, Obispo, Cardenal soy peruano, la Iglesia nos enseña a amar la patria, rezamos por las autoridades, cultivamos las esencias de nuestra identidad mestiza, de nuestra devoción popular, de nuestras raíces, de nuestros orígenes, de nuestra primera evangelización y cada uno de nosotros procura amar a la patria con todo el corazón y por eso, querer hacer de un cardenal, o de un obispo una entelequia mística es empobrecernos. La Iglesia se encarga de hacernos persona, en casa cada uno de nosotros tiene una manera de ser. Por eso tantas veces, en estos tiempos, he tenido que pronunciar, decir, defender lo que el Papa ha declarado, que es una guerra ensantada, de la identidad Católica del Perú, de sus instituciones, de sus familias, de la defensa de la vida, que no se perjudique ni sea objeto de negociación, no es fácil pero es un deber como Obispo y como peruano”.

Finalmente agradeció a todas las personas que lo han acompañado a lo largo de su trabajo pastoral. Estuvieron presentes en la Santa Misa, el presidente de la Federación Peruana de Fútbol, Edwin Oviedo, el ex basquetbolista Ricardo Duarte, el ex vicepresidente de la República, Luis Giampietri, familiares, colaboradores, movimientos, hermandades, religiosas, religiosos, sacerdotes y fieles de distintas comunidades parroquiales.

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