Martes, 30 de septiembre de 2014
 

ARZPASTORAL 019/2004

Lima, 12 de Agosto de 2004 

INSTRUCCIÓN “REDEMPTIONIS SACRAMENTUM”
-PRINCIPALES NORMAS LITÚRGICAS-

Estimados Párrocos, Rectores de Iglesias, Capellanes, Superiores y Superioras Mayores y Responsables de los Movimientos Eclesiales: 

Estimados Hermanos y Hermanas: 

El 23 de Abril pasado, la Santa Sede hacía pública la Instrucción Redemptionis Sacramentum. Elaborada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y por la Congregación para la Doctrina de la Fe, el documento trata sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía. 

El objetivo de la Instrucción es hacer brotar con mayor claridad el sentido profundo de las normas litúrgicas para que éstas sean observadas con gran fidelidad, ya que el “tesoro” de la Eucaristía “es demasiado grande y precioso como para arriesgarse a que se empobrezca o hipoteque por experimentos o prácticas llevadas a cabo sin una atenta comprobación por parte de las autoridades eclesiásticas competentes”. (S.S. Juan Pablo II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 51.)

El pasado 16 de Julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, el Señor Arzobispo Primado, mediante el Decreto Arzobispal Canc.-127/ARZ/04, encargó a la Oficina de Pastoral del Arzobispado de Lima preparar un subsidio con las principales normas de la Instrucción Redemptionis Sacramentum, para que éste sirva como guía de estudio y comprensión del documento Vaticano y pueda además ser usado para la organización de jornadas de reflexión con los fieles de nuestras comunidades. Mediante la adjunta publicación damos cumplimiento al pedido del Señor Cardenal. 

Confiamos que este trabajo contribuya a que participemos de manera más plena, consciente y activa, en la celebración del misterio Eucarístico y a que crezcamos en la reverencia, piedad y amor frente al don del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús. 

 

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INSTRUCCIÓN “REDEMPTIONIS SACRAMENTUM”
- PRINCIPALES NORMAS LITÚRGICAS -

La instrucción “Redemptionis Sacramentum”, describe detalladamente cómo debe celebrarse la Eucaristía y lo que puede considerarse como “abuso grave” durante su celebración. A continuación se presenta un resumen capítulo por capítulo de las principales orientaciones y normas litúrgicas del documento. A final de cada norma se indica el número correspondiente de la Instrucción. 

CAPÍTULO I
La Ordenación de la Sagrada Liturgia

- Compete a la Sede Apostólica ordenar la sagrada Liturgia de la Iglesia universal, editar los libros litúrgicos, revisar sus traducciones a lenguas vernáculas y vigilar para que las normas litúrgicas se cumplan fielmente (16). 
- Los fieles tienen derecho a que la autoridad eclesiástica regule la sagrada liturgia de forma plena y eficaz, para que nunca sea considerada la liturgia como propiedad privada de alguien (18). 

1. El Obispo Diocesano, Gran Sacerdote de su Grey 

- El Obispo diocesano es el moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica. A él le corresponde dar normas obligatorias para todos sobre materia litúrgica, regular, dirigir, estimular y algunas veces también reprender (19). 
- Le corresponde dar normas obligatorias para todos sobre materia litúrgica (21). 
- Le compete explicar el sentido de los ritos y de los textos litúrgicos y educar en el sentido de la sagrada liturgia a los presbíteros, diáconos y fieles laicos (22). 
- Compete al Obispo diocesano el derecho y el deber de visitar y vigilar la liturgia en las iglesias y oratorios situados en su territorio, también aquellos que sean fundados o dirigidos por los institutos religiosos, si los fieles acuden a ellos de forma habitual (23). 

2. Las Conferencias de Obispos 

- Todas las normas referentes a la liturgia, que la Conferencia de Obispos determine para su territorio, conforme a las normas del derecho, se deben someter a la recognitio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sin la cual, carecen de valor legal (28). 

3. Los Presbíteros 

- Presidan los presbíteros con piedad y fielmente la celebración de los sagrados misterios de Cristo, especialmente el sacrificio de la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación. No vacíen el propio ministerio de su significado profundo, deformando de manera arbitraria la celebración litúrgica, ya sea con cambios, con mutilaciones o con añadidos (31). 
- Esfuércese el párroco para que la Santísima Eucaristía sea el centro de la comunidad parroquial. Bajo la autoridad del Obispo diocesano, modere el párroco en su parroquia la sagrada liturgia, vigilando que no se introduzcan abusos en su celebración (32). 
- Procuren los presbíteros cultivar convenientemente la ciencia y el arte litúrgicos, a fin de que por su ministerio litúrgico las comunidades cristianas que se les han encomendado alaben cada día con más perfección a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo (33). 

4. Los Diáconos 

- No dejen nunca de vivir el misterio de la fe con alma limpia. Trabajen para que la Sagrada Liturgia sea celebrada conforme a las normas de los libros litúrgicos debidamente aprobados (35). 

CAPÍTULO II
La Participación de los Fieles Laicos en la 
Celebración de la Eucaristía

- La participación de los fieles laicos en la celebración de la Eucaristía, y en los otros ritos de la Iglesia, no puede equivaler a una mera presencia, más o menos pasiva, sino que se debe valorar como un verdadero ejercicio de la fe y la dignidad bautismal (37). 
- La naturaleza no solo convival sino también, y sobre todo, como sacrificio de la Eucaristía, debe ser rectamente considerada como una de las claves principales para la plena participación de los fieles en tan grande sacramento (38). 
- Para una participación activa de los fieles en la Eucaristía, es fundamental que las aclamaciones del pueblo, las respuestas, los salmos, las antífonas, los cánticos, así como las acciones, los gestos y las posturas corporales, sean observadas cuidadosamente en los momentos previstos y como lo señalan las rúbricas (39).
- Se debe recordar que la fuerza de la acción litúrgica no está en el cambio frecuente de los ritos, sino más bien, en profundizar en la Palabra de Dios y en el Misterio que se celebra (39). 
- Sin embargo, por más que la liturgia tiene, sin duda alguna, esta característica de la participación activa, no se deduce necesariamente que todos deban realizar otras cosas, en sentido material, además de los gestos y posturas corporales, como si cada uno tuviera que asumir, necesariamente, una tarea litúrgica específica; aunque conviene que se distribuyan y realicen entre varios las tareas o las diversas partes de una misma tarea (40). 
- El Sacrificio eucarístico no se debe considerar como “concelebración”, en sentido unívoco, del sacerdote al mismo tiempo que del pueblo presente (42). 

1. Tareas de los Fieles Laicos en la celebración de la Santa Misa 

- El fiel laico llamado a prestar ayuda en las celebraciones litúrgicas, debe estar debidamente preparados y ser recomendable por su vida cristiana, fe, costumbres y fidelidad hacia el Magisterio de la Iglesia. No se elija a ninguno cuya designación pueda suscitar el asombro de los fieles (46). 
- Se alienta la presencia de niños o jóvenes monaguillos que realicen un servicio junto al altar, como acólitos, y reciban una catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta tarea (47). 

CAPÍTULO III
La Celebración correcta de la Santa Misa

1. La materia de la Santísima Eucaristía 

- El pan a consagrar debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente. No se pueden usar cereales, sustancias diversas del trigo. Es un abuso grave introducir en su fabricación frutas, azúcar o miel (48). 
- Las hostias deben ser preparadas por personas honestas, expertas en la elaboración y que dispongan de los instrumentos adecuados (48). 
- No se excluyan las hostias pequeñas, cuando lo requiere el número de los que van a recibir la sagrada Comunión (49). 
- El vino que se utiliza en la celebración del santo Sacrificio eucarístico debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias extrañas. Téngase diligente cuidado que el vino destinado a la Eucaristía se conserve en perfecto estado y no se avinagre. Está totalmente prohibido utilizar vino del que se tiene duda en cuanto a su carácter genuino o a su procedencia. No se debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género (50). 

2. La Plegaria Eucarística 

- Sólo se pueden utilizar las Plegarias Eucarísticas del Misal Romano o las aprobadas por la Sede Apostólica. Los sacerdotes no tienen el derecho de componer plegarias eucarísticas, cambiar el texto aprobado por la Iglesia, ni utilizar otros, compuestos por personas privadas (51). 
- Es un abuso hacer que algunas partes de la Plegaria Eucarística sean pronunciadas por el diácono, por un ministro laico, o bien por uno sólo o por todos los fieles juntos. La Plegaria Eucarística debe ser pronunciada en su totalidad, y solamente, por el sacerdote (52). 
- Mientras el Sacerdote celebrante pronuncia la Plegaria Eucarística, no se realizarán otras oraciones o cantos, y estarán en silencio el órgano y los otros instrumentos musicales, salvo las aclamaciones del pueblo previstas en el rito (53). 
- El sacerdote no puede partir la hostia en el momento de la consagración (55). 
- En la Plegaria Eucarística no se puede omitir la mención del Sumo Pontífice y del Obispo diocesano (56). 

3. Las otras partes de la Misa 

- Los fieles tienen el derecho de tener una música sacra adecuada e idónea y que en el altar, las vestiduras litúrgicas y los paños sagrados resplandezcan por su dignidad, nobleza y limpieza (57). (Ver Arzobispado de Lima “Circulares, Mensajes y Documentos —2003”, Participación de los Coros en los Templos —Orientaciones, pp. 57-65.)- No se pueden cambiar y variar los textos de la sagrada Liturgia (59). 
- No se pueden separar la liturgia de la Palabra y la liturgia Eucarística, ni celebrarlas en lugares y tiempos diversos, aunque sea el mismo día (60). 
- No está permitido omitir o sustituir, arbitrariamente, las lecturas bíblicas prescritas, ni cambiar las lecturas y el salmo responsorial, que contienen la Palabra de Dios, con otros textos no bíblicos (62). 
- La lectura del Evangelio se reserva al ministro ordenado. Un laico, aunque sea religioso, no debe proclamar la lectura evangélica en la celebración de la Misa, ni tampoco en otros casos, en los cuales no sea explícitamente permitido por las normas (63). 
- La homilía nunca la hará un laico. Tampoco los seminaristas, estudiantes de teología, asistentes pastorales, ni cualquier miembro de alguna asociación de laicos (64-66). 
- La homilía debe iluminar desde Cristo los acontecimientos de la vida, sin vaciar el sentido auténtico y genuino de la Palabra de Dios, por ejemplo, tratando sólo de política o de temas profanos, o tomando como fuente ideas que provienen de movimientos pseudo-religiosos contemporáneos (67). 
- No se puede admitir un “Credo” o Profesión de fe que no se encuentre en los libros litúrgicos debidamente aprobados (69). 
- A las ofrendas, además del pan y el vino, se pueden agregar otros dones. Estos últimos se pondrán en un lugar oportuno, fuera de la mesa eucarística. Para proteger la dignidad de la sagrada Liturgia, conviene que las ofrendas sean presentadas en forma apta (70). 
- La paz se debe dar antes de distribuir la sagrada Comunión, y se recuerda que esta práctica no tiene un sentido de reconciliación ni de perdón de los pecados, sino que más bien significa la paz, la comunión y la caridad antes de recibir la santísima Eucaristía (71). 
- El gesto de la paz debe realizarse sobriamente, dándose sólo a los más cercanos. El sacerdote puede dar la paz a los ministros, permaneciendo siempre dentro del presbiterio, para no alterar la celebración. Hágase del mismo modo si, por causa razonable, desea dar la paz a algunos fieles (72). 
- La fracción del pan eucarístico la realiza solamente el sacerdote celebrante, ayudado, si es el caso, por el diácono o por un concelebrante, pero no por un laico. Ésta comienza después de dar la paz, mientras se dice el “Cordero de Dios”. No se debe prolongar este rito sin necesidad (73). 
- Las instrucciones o testimonios de vida cristiana expuestos por un laico, se harán fuera de la celebración de la Misa. Su sentido no debe confundirse con la homilía, ni suprimirla (74). 

4. Unión de varios ritos con la celebración de la Misa 

- No se permite la unión de la celebración eucarística con otros ritos cuando lo que se añadiría tiene un carácter superficial y sin importancia (75). 
- No es lícito unir el Sacramento de la Penitencia con la Misa y hacer una única acción litúrgica. Sin embargo, los sacerdotes, independientemente de los que celebran la Misa, sí pueden escuchar confesiones en el mismo lugar donde se celebra Eucaristía. Esto debe hacerse de manera adecuada (76). 
- La celebración de la Misa no puede ser intercalada como añadido a una cena común, ni unirse con cualquier tipo de banquete. No se debe celebrar la Misa, a no ser por grave necesidad, sobre una mesa de comedor, o en el comedor, o en el lugar que será utilizado para un convite, ni en cualquier sala donde haya alimentos. Los participantes en la Misa tampoco se sentarán en la mesa, durante la celebración (77). 
- No está permitido relacionar la celebración de la Misa con acontecimientos políticos o mundanos, o con otros elementos que no concuerden plenamente con el Magisterio (78). - No se debe celebrar la Misa por el simple deseo de ostentación o celebrarla según el estilo de otras ceremonias, especialmente profanas (78). 
- No se debe introducir ritos tomados de otras religiones en la celebración de la Misa (79). 

CAPÍTULO IV
La Sagrada Comunión

1. Las Disposiciones para recibir la Sagrada Comunión. 
(Ver Arzobispado de Lima “Circulares, Mensajes y Documentos —2003”, Comunión en la Mano o en la Lengua y Manera de Distribuir y Recibir la Comunión, pp. 52-56.)

- Si se tiene conciencia de estar en pecado grave, no se debe celebrar ni comulgar sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse. En este caso se está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes (81). 
- Debe vigilarse para que no se acerquen a la sagrada Comunión, por ignorancia, los no católicos o, incluso, los no cristianos (84). 
- Los ministros católicos administran lícitamente los sacramentos, sólo a los fieles católicos, los cuales, igualmente, los reciben lícitamente sólo de ministros católicos, salvo lo que se prescribe en el canon 844 §§ 2,3 y 4; y en el canon 861 § 2 (85). 
- Los fieles deben ser guiados con insistencia hacia la costumbre de participar en el sacramento de la Penitencia, fuera de la celebración de la Misa, especialmente en horas establecidas. Los que frecuente o diariamente suelen comulgar, sean instruidos para que se acerquen al sacramento de la Penitencia cada cierto tiempo (86). 
- La primera Comunión de los Niños debe estar siempre precedida de la confesión y absolución sacramental. La primera Comunión siempre debe ser administrada por un sacerdote y nunca fuera de la celebración de la Misa (87). 

2. La Distribución de la Sagrada Comunión 

- El sacerdote no debe proseguir la Misa hasta que haya terminado la Comunión de los fieles (88). 
- Sólo donde la necesidad lo requiera, los ministros extraordinarios de la sagrada comunión pueden ayudar al sacerdote celebrante (88). 
- Cualquier bautizado católico, a quien el derecho no se lo prohíba, debe ser admitido a la sagrada Comunión (91). 
- Se puede comulgar de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia de Obispos, con la confirmación de la Sede Apostólica. Cuando se comulga de pie, se debe hacer la debida reverencia, antes de recibir el Sacramento (90). 
- Todo fiel conserva el derecho de recibir la sagrada Comunión en la boca, si así lo desea. Sin embargo, si el que va a comulgar quiere recibir la Comunión en la mano, se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano (92). 
- Se debe mantener la bandeja para la Comunión de los fieles (93). 
- No esta permitido que los fieles tomen la hostia consagrada ni el cáliz sagrado, por si mismos, ni mucho menos pasarlos entre sí de mano en mano. Los esposos, en la Misa nupcial, no deben administrarse de modo recíproco la sagrada Comunión (94). 
- Se reprueba la costumbre de que sean distribuidas a manera de Comunión, durante la Misa o antes de ella, ya sean hostias no consagradas, ya sean otros comestibles o no comestibles (96).

3. La Comunión de los Sacerdotes 

- Cada vez que celebra la Santa Misa, el sacerdote debe comulgar en el altar, pero antes que de que proceda a la distribución de la Comunión, lo hacen los concelebrantes (97). 
- Para la comunión de los sacerdotes concelebrantes utilícese siempre hostias consagradas en la misma Misa y reciban todos los concelebrantes, siempre, la comunión bajo las dos especies. Si un sacerdote o diácono entrega a los concelebrantes la hostia sagrada o el cáliz, no debe decir nada, es decir, no pronuncia las palabras “el Cuerpo de Cristo” o “la Sangre de Cristo” (98). 
- La comunión bajo las dos especies está siempre permitida a los sacerdotes que no pueden celebrar o concelebrar en la acción sagrada (99). 

4. La Comunión bajo las dos especies 

- Para administrar a los laicos Comunión bajo las dos especies, se deben tener en cuenta, convenientemente, las circunstancias, sobre las que deben juzgar en primer lugar los Obispos diocesanos (101). 
- Se debe excluir totalmente la administración de la Comunión bajo las dos especies cuando exista peligro, incluso pequeño, de profanación (101). 
- No debe administrarse la Comunión con el cáliz a los laicos:1) Donde sea tan grande el número de los que van a comulgar que resulte difícil calcular la cantidad de vino para la Eucaristía y exista el peligro de que sobre demasiada cantidad de Sangre de Cristo, que deba sumirse al final de la celebración. 2) Donde el acceso ordenado al cáliz sólo sea posible con dificultad. 3) Donde sea necesaria tal cantidad de vino que sea difícil poder conocer su calidad y proveniencia. 4) Cuando no esté disponible un número suficiente de ministros sagrados ni de ministros extraordinarios de la sagrada Comunión que tengan la formación adecuada. 5) Donde una parte importante del pueblo no quiera participar del cáliz por diversos motivos (102). 
- Cuando se distribuya la comunión por intinción: 1) Utilícese hostias que no sean ni demasiado delgadas ni demasiado pequeñas, y el comulgante reciba del sacerdote el sacramento, solamente en la boca. 2) No está permitido que el comulgante moje por sí mismo la hostia en el cáliz, ni reciba en la mano la hostia mojada. 3) La hostia que se debe mojar debe hacerse de materia válida y estar consagrada. Está absolutamente prohibido el uso de pan no consagrado o de otra materia (103-104). 
- Para contener la Sangre del Señor, nunca se utilicen frascos, vasijas u otros recipientes que no respondan plenamente a las normas establecidas (106). 
- “Quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica; el clérigo puede ser castigado además con otra pena, sin excluir la expulsión del estado clerical (ver CIC c. 1367) (107). 
- Al terminar la distribución de la sagrada Comunión, el sacerdote debe de inmediato sumir en el altar, íntegramente el vino consagrado que quizá haya quedado. Las hostias consagradas que han sobrado, o las consume el sacerdote en el altar, o las reserva en el Sagrario (107). 

CAPÍTULO V
Otros Aspectos que se refieren a la Eucaristía

1. El Lugar de la Celebración de la Santa Misa. 
(Ver Arzobispado de Lima “Circulares, Mensajes y Documentos —2001”, El Lugar de la Celebración, pp. 3-4.)

- La celebración eucarística se ha de hacer en lugar sagrado, a no ser que, en un caso particular, la necesidad exija otra cosa. De la necesidad del caso juzgará habitualmente, el Obispo diocesano para su diócesis (108). 
- Nunca es lícito a un sacerdote celebrar la Eucaristía en un templo o lugar sagrado de cualquier religión no cristiana (109). 

2. Diversos Aspectos Relacionados con la Santa Misa 

- Se recomienda al sacerdote la celebración diaria de la Santa Misa (110). 
- Admítase a celebrar a un sacerdote, con tal que presente cartas comendaticias (111). (Ver Nota de la Vicaría General de la Arquidiócesis de Lima, Sobre la Admisión de los Sacerdotes a Celebrar los Sacramentos; 13 de Enero de 2004. pp.79) 
- Siempre y en cualquier lugar es lícito a los sacerdotes celebrar el santo sacrificio en latín (112). 
- Aunque es lícito celebrar la Misa, según las normas del derecho, para grupos particulares, estos grupos de ninguna manera están exentos de observar fielmente las normas litúrgicas (114). 
- Es un abuso suspender de forma arbitraria la celebración de la santa Misa en favor del pueblo, bajo el pretexto de promover el “ayuno de la Eucaristía” (115). 
- No se multipliquen las Misas contra la norma del derecho, y sobre los estipendios obsérvese todo lo que manda el derecho (116). 

3. Los Vasos Sagrados 

- Se reprueba el uso de vasos comunes o de escaso valor, en lo que se refiere a la calidad, o carentes de todo valor artístico, o simples cestos, u otros vasos de cristal, arcilla, creta y otros materiales, que se rompen fácilmente. Esto vale también de los metales y otros materiales, que se corrompen fácilmente (117). 
- Los vasos sagrados, antes de ser utilizados, son bendecidos por el sacerdote con el rito que se prescribe en los libros litúrgicos (118). 
- Sólo deben purificar los vasos sagrados el sacerdote, el diácono, o el acólito instituido. La purificación se realiza sobre el altar o la credencia. Si son muchos los vasos sagrados, estos se pueden purificar después de la Misa. Para ello se les debe dejar sobre el corporal y oportunamente cubiertos, en el altar o en la credencia (119). 
- Se debe cuidar que los paños de la sagrada mesa, y especialmente los que reciben las sagradas especies, se conserven siempre limpios, y se laven con frecuencia (120). 

4. Las Vestiduras Litúrgicas 

- El alba debe estar ceñida a la cintura con el cíngulo. Si el alba no cubre el cuello, úsese el amito (122). 
- La vestidura propia del sacerdote celebrante es la casulla revestida sobre el alba y la estola. El sacerdote que se reviste con la casulla debe ponerse la estola (123). 
- El celebrante principal siempre deberá llevar la casulla y la estola del color litúrgico prescrito. Los sacerdotes concelebrantes deberán procurar usar también la casulla y la estola, por lo menos de color blanco. Sólo por causa justa (por ejemplo gran número de concelebrantes o falta de ornamentos), podrán omitir llevar la casulla y usar sólo la estola sobre el alba (124). 
- El diácono deberá esforzarse por usar la dalmática sobre el alba y la estola (125). 
- Se reprueba el no llevar las vestiduras sagradas, o vestir solo la estola sobre la cogulla monástica, o el hábito común de los religiosos, o la vestidura ordinaria (126). 
- En todas las iglesias y oratorios deberá haber un número adecuado de ornamentos litúrgicos, confeccionados según las normas (126). 

CAPÍTULO VI
La reserva de la Santísima Eucaristía y su culto fuera de la Misa

1. La Reserva de la Santísima Eucaristía.
(Ver Arzobispado de Lima “Circulares, Mensajes y Documentos —2002”, Características y Cuidado del Sagrario, pp. 23-25.)

- El Santísimo Sacramento debe reservarse en un sagrario, en la parte más noble, más insigne, más destacada, más adornada de la iglesia, y en el lugar más apropiado para la oración (130). 
- Está prohibido reservar el Santísimo Sacramento en lugares que no están bajo la segura autoridad del Obispo o donde exista peligro de profanación (131). 
- Nadie puede llevarse la Sagrada Eucaristía a casa o a otro lugar. Sustraer o retener las sagradas especies con un fin sacrílego, o arrojarlas, constituye uno de los “graviora delicta”, cuya absolución está reservada a la Congregación para la Doctrina de la Fe (132). 
- Cuando se lleva la comunión a un enfermo, ésta se debe llevar directamente para evitar cualquier peligro de profanación y para guardar el máximo respeto al Cuerpo de Cristo. Para administrar la Comunión a los enfermos, sígase el rito que prescribe el Ritual Romano (133). 

2. Algunas formas de Culto a la Santísima Eucaristía fuera de la Misa 

- Promuévanse las Visitas al Santísimo Sacramento. La Iglesia en la que está reservada la Santísima Eucaristía debe quedar abierta a los fieles, por lo menos algunas horas al día (135). 
- Promuévase la adoración eucarística con asistencia del pueblo, ya sea breve, prolongada o perpetua (136). 
- No se excluya el rezo del rosario delante de la reserva eucarística o del Santísimo Sacramento expuesto (137). 
- El Santísimo Sacramento nunca debe permanecer expuesto sin suficiente vigilancia, ni siquiera por un tiempo muy breve (138). 
- Es un derecho de los fieles visitar frecuentemente el Santísimo Sacramento para adorarlo y, al menos algunas veces en el transcurso de cada año, participar de la adoración ante la Santísima Eucaristía expuesta (139). 
- Es conveniente no perder la tradición de realizar procesiones eucarísticas (143-144). 

CAPÍTULO VII
Ministerios Extraordinarios de los Fieles Laicos

- Las tareas pastorales de los laicos no deben asimilarse demasiado a la forma del ministerio pastoral de los clérigos. Los asistentes pastorales no deben asumir lo que propiamente pertenece al servicio de los ministros sagrados (149). 
- Solamente por verdadera necesidad se recurra al auxilio de ministros extraordinarios, en la celebración de la Liturgia. Pero esto, no está previsto para asegurar una plena participación a los laicos, sino que, por su naturaleza, es suplementario y provisional. Además, donde por necesidad se recurra al servicio de los ministros extraordinarios, multiplíquense especiales y fervientes peticiones para que el Señor envíe pronto un sacerdote para el servicio de la comunidad y suscite abundantes vocaciones a las sagradas órdenes (151). 
- Estos ministerios de mera suplencia, no sean ocasión para que se deforme el ministerio sacerdotal o el sacerdote descuide sus obligaciones ministeriales y pastorales (152). 
- Nunca es lícito a los laicos asumir las funciones o las vestiduras del diácono o del sacerdote, u otras vestiduras similares (153). 

1. El Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. 
(Ver Arzobispado de Lima “Circulares, Mensajes y Documentos —2002”, Ministros Extraordinarios Temporales de la Sagrada Comunión, pp. 17-22. Ver Arzobispado de Lima, “Circulares, Mensajes y Documentos —2003”, Ministros Extraordinarios Temporales de la Sagrada Comunión Normas Complementarias, pp. 46-51)

- Sólo es propiamente llamado “ministro de la Eucaristía” el sacerdote válidamente ordenado. Son ministros “ordinarios” de la Sagrada Comunión, el Obispo, el sacerdote y el diácono (154). 
- Además de los ministros ordinarios de la Sagrada Comunión, pueden distribuir la Eucaristía el acólito instituido, y aquellos fieles laicos designados por el Obispo diocesano. A estos se les debe llamar “ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión” (155-156). 
- Si habitualmente hay un número suficiente de ministros sagrados, no se pueden designar ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión. En tales circunstancias, los que han sido designados para este ministerio, no deben ejercerlo. Se reprueba la costumbre de aquellos sacerdotes que, a pesar de estar presentes en la celebración, se abstienen de distribuir la comunión, encomendando esta tarea a laicos (157). 
- Al “ministro extraordinario de la sagrada Comunión”, nunca le está permitido delegar en ningún otro el administrar la Eucaristía (159). 

2. La Predicación 

- La Homilía por su importancia y naturaleza, dentro de la Misa, está reservada al sacerdote o al diácono (161). 

3. Celebraciones Particulares que se realizan en ausencia del Sacerdote 

- El pueblo cristiano tiene derecho a que sea celebrada la Eucaristía en su favor, los domingos y fiestas de precepto, o cuando concurran otros días festivos importantes, y también diariamente cuando sea posible (162). 
- Los laicos tienen derecho a que ningún sacerdote, a no ser que exista verdadera imposibilidad, rechace nunca celebrar la Misa en favor del pueblo, o que ésta sea celebrada por otro sacerdote, si de diverso modo no se puede cumplir el precepto de participar en la Misa, el domingo y los otros días establecidos (163). 
- Cuando falta el ministro sagrado, el pueblo cristiano tiene derecho a que el Obispo, en lo posible, procure que se realice alguna celebración dominical para esa comunidad. Esta clase de celebraciones deben ser consideradas siempre como absolutamente extraordinarias, los responsables de las mismas (diácono o fieles laicos), deberán mantener viva en la comunidad una verdadera “hambre” de la Eucaristía (164). 
- Es necesario evitar cualquier confusión entre este tipo de reuniones y la celebración eucarística. Los Obispos diocesanos determinarán si se debe o no distribuir la Eucaristía en este tipo de reuniones. En ausencia de un ministro sagrado, será preferible que las diversas partes de la reunión sean distribuidas entre varios fieles, en vez de que uno sólo dirija toda la celebración. No conviene en ningún caso, que se siga que un fiel laico “preside” la celebración (165). 
- Se ruega vivamente a los sacerdotes que celebren diariamente la Santa Misa por el pueblo, en una de las iglesias que le han sido encomendadas (166). 

4. De aquellos que han sido apartados del Estado clerical 

- El clérigo que ha sido apartado del estado clerical está prohibido de ejercer la potestad de orden. No le está permitido celebrar los sacramentos. Los fieles no pueden recurrir a él para la celebración (168). 

CAPÍTULO VIII
Los remedios

- Para evitar los abusos en torno a la Eucaristía, lo que más urge es la formación bíblica y litúrgica del pueblo de Dios, pastores y fieles, de modo que la fe y la disciplina de la Iglesia, en lo que se refiere a la sagrada Liturgia, sean presentadas y comprendidas rectamente. Sin embargo, donde los abusos persistan, debe procederse en la tutela del patrimonio espiritual y de los derechos de la Iglesia, conforme a las normas del derecho, recurriendo a todos los medios legítimos (170). 

1. Graviora Delicta 

- Los graviora delicta contra la santidad del sacratísimo Sacramento y Sacrificio de la Eucaristía y los sacramentos, son tratados según las «Normas sobre los graviora delicta, reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe», esto es: a) Sustraer o retener con fines sacrílegos, o arrojar las especies consagradas. b) Atentar la realización de la liturgia del Sacrificio eucarístico o su simulación. c) Concelebración prohibida del Sacrificio eucarístico juntamente con ministros de Comunidades eclesiales que no tienen la sucesión apostólica, ni reconocen la dignidad sacramental de la ordenación sacerdotal. d) Consagración con fin sacrílego de una materia sin la otra, en la celebración eucarística, o también de ambas, fuera de la celebración eucarística.

2. Los Actos Graves 

- Aunque el juicio sobre la gravedad de los actos se hace conforme a la doctrina común de la Iglesia y las normas por ella establecidas, como actos graves se consideran siempre, objetivamente, los que ponen en peligro la validez y dignidad de la santísima Eucaristía, esto es, contra lo que se explicó más arriba, en los nn. 48-52, 56, 76-77, 79, 91-92, 94, 96, 101-102, 104, 106, 109, 111, 115, 117, 126, 131¬133, 138, 153 y 168. Prestándose atención, además, a otras prescripciones del Código de Derecho Canónico, y especialmente a lo que se establece en los cánones 1364, 1369, 1373, 1376, 1380, 1384, 1385, 1386 y 1398 (173). 

3. Otros abusos 

- Cuando algo sea realizado mal, corríjase, conforme a las normas del derecho (175). 

4. El Obispo Diocesano 

- Al Obispo Diocesano le corresponde dar normas obligatorias para todos, sobre materia litúrgica (176). 
- El Obispo debe promover la disciplina que es común a toda la Iglesia, exigir el cumplimiento de las leyes eclesiásticas, y vigilar para que no se introduzcan abusos, especialmente acerca del ministerio de la Palabra, la celebración de los sacramentos y sacramentales, el culto de Dios y de los Santos (177). 
- Los delitos contra le fe y también los graviora delicta cometidos en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos, deben comunicarse sin demora a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (179). 

5. La Sede Apostólica 

- Cuando lo juzgue conveniente, no deje el Ordinario de consultar a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (182). 

6. Quejas y Abusos en Materia Litúrgica 

- Cualquier católico tiene derecho a exponer una queja por un abuso litúrgico, ante el Obispo diocesano o el Ordinario competente que se le equipara en derecho, o ante la Sede Apostólica, en virtud del primado del Romano Pontífice (184).

 
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