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“La sonrisa de un padre apoyando la enseñanza del hijo es muy importante” PDF Imprimir E-mail

Diálogo de Fe
Sábado, 03 de marzo de 2012
 

Armando Canchanya (AC): Cómo están amigos, bienvenidos a nuestro Diálogo de Fe. ¿Cómo está Cardenal?

Cardenal Juan Luis Cipriani (CJLC): Buenos días a todos. La verdad creo que es el momento de saludar a toda la familia, a los padres de familia, a los profesores, a los alumnos, a todo el personal que trabaja en el sector educación; saber que la Iglesia de una manera muy especial acompaña siempre a los procesos educativos porque son importantísimos en la vida. Muchas veces el papá dice: Ya empezaron las clases, por fin voy a descansar. No es verdad, porque el papá también está empezando clases.

AC: Además la rutina de toda la familia cambia.

CJLC: Creo que esa atención especial que hay que darle ahora a los niños y jóvenes. Siempre digo que el orden de la educación es: Primero los padres de familia, segundo los profesores y en tercer lugar los alumnos. En todo proceso, sea colegio, nido, instituto, etc., la familia no puede ser desplazada del primer lugar como responsable de la educación de los hijos; luego los profesores, que tienen que ser prolongación de lo que hace la familia; y finalmente los alumnos, porque a veces se piensa que el protagonista de la educación es el alumno. No. Creo que educar el día de hoy no es nada fácil. Hay que darse cuenta que la educación exige un testimonio y un ejemplo, para mí esto es lo más difícil de un proceso educativo, no el que tengas una biblioteca en la cabeza ni que sepas manejar 20 computadores y 14 idiomas, sino fundamentalmente que tú, tu persona, tu manera de ser, tus valores, tu actitud, sean testimonios que garantizan que todos tus conocimientos son verdad. Como no haya autenticidad en el maestro o en el padre de familia, el otro es como un lorito que repite. La vida de hoy exige credibilidad en el maestro. Ojala que al empezar el año todos, papás, maestros, alumnos, la Iglesia que tiene un enorme componente educativo en su tarea de evangelización, desde aquí los bendice y reza por ustedes. También a través de miles de religiosas y religiosos que dedican su vida y su vocación a la enseñanza. A todos ellos en la Catequesis, en los colegios, en las parroquias, quiero dedicarles este rato de reflexión del programa.

AC: Sus palabras me dejan varias cosas en mente para reflexionar. Yo coincido con esto que usted ha dicho que la educación es de la casa. Tenemos la mala idea que es el profesor el que tiene que educar o el libro, como si este fuera a ser algo definitivo en la educación de los chicos. Pero hay otros elementos que los padres también tienen que tener en cuenta para la educación de sus hijos, usted hablaba de los valores: disciplina, dedicación, responsabilidad; estas cosas cómo se tienen que ir trabajando en el colegio.

CJLC: Hay colegios que le ponen como un objetivo a cada mes o semana. Hay colegio que dicen: Este mes nuestro tema es puntualidad u orden o compañerismo. Los modos son libres, unos ponen un letrero en la puerta, otros al iniciar la clase le dedican unos minutos, etc. Por la repetición va quedando en los alumnos que ese mes estamos trabajando en cuidar más la puntualidad o la alegría o el respeto, se va priorizando un pequeño mensaje. Es como la publicidad, que repite y te dice qué es lo que quiere. Sin embargo, en la educación parecería que nos ha enseñado a no repetir, no decir qué es lo que queremos, dejar que el alumno sea libre, que no sepa qué es lo que quieres de él y no insistirle porque se le quita iniciativa y libertad. Qué raro, porque en todos los demás ámbitos de la vida parecería que se ha llegado a la conclusión de que la psicología humana hace que la pedagogía del anuncio sea importante.

Cuando yo hablo de la educación de la fe, si yo no le digo a mis alumnos que Jesús vino a la Tierra y se hizo hombre, que comió y almorzó, que tuvo una madre y un padre, María y San José, que nos enseñó y les cuento qué nos dice el Evangelio; si yo no le voy hablando de Jesús cómo ese niño se va a hacer amigo de quien no conoce. Si toda la educación tiene que ser sin anunciar la verdad de Cristo es imposible y el chico me dirá: Profesor, usted me ha dicho que Jesús era muy alegre pero usted regaña mucho. Papá, tú me has dicho que Jesús es muy bueno pero ayer te vi gritando a mi mamá. Esa contradicción en la enseñanza, sobre todo en la niñez y en la juventud, es muy importante. Si la gente ve que tú dices una cosa y haces otra. 

Por eso la Iglesia defiende tanto que en medio de la pluralidad, en medio de las diferentes alternativas de pensamiento, en medio del enriquecimiento de planteamientos, no hay que tenerle temor a la exposición y al intercambio de ideas; a lo que hay que temerle es a la mentira o a la mediocridad de pensamiento que se refugia porque no se atreve a confrontar buscando la verdad. Lo que nos une a todos en esta pluralidad nos tiene que unir algo común, todos tenemos que buscar la verdad porque sabemos que nos hace libres (pensamiento de Jesucristo) y si la verdad nos hace libres somos felices. Esa regla de tres solamente te pide No tengas temor. Eso se va desarrollando en el Catecismo, en la predicación, en el ejemplo de los papás y en la tarea que la Iglesia debe promover.

AC: Eso es válido para los colegios que son religiosos o es algo que tendríamos que mantener en todos los colegios del país.

CJLC: Creo que la búsqueda de la verdad y de la libertad son valores de tal categoría que no pueden ser dejados de lado. Ningún colegio, escuela o universidad puede darse el lujo de decir: Nosotros ya encontramos la verdad y por lo tanto no necesitamos seguir buscándola. No. También en la vida mía que soy el Cardenal, hay una tarea permanente de búsqueda de la verdad. Esa permanente ilusión de encontrar la verdad, de ese muchacho que te viene a buscar para pedirte un consejo o de ti mismo que en tu examen de conciencia procuras conocerte mejor. Nadie puede quedarse como detenido diciendo que es un hombre feliz que ya descubrió la verdad. Pobre, eres un anquilosado, eres un viejo prematuro. Creo que la vitalidad de la juventud está en esa permanente búsqueda de la verdad que cada uno de nosotros…

AC: Cómo se busca eso, de qué manera se tendría que ir plasmando porque me temo que hemos llegado a un nivel en el que los valores enseñan solamente diciendo: No tires los papeles a la calle, que en realidad es una cosa muy importante pero superficial.

CJLC: Yo creo que si hay un consenso en que la verdad debemos permanentemente buscarla creo que es como decirme cómo hago para poder ver a través de un vidrio. No hay que hacerse un propósito de cómo hacer para no ocultar la verdad. Muchas veces la verdad es exigente, hay que estudiar, trabajar, dar ejemplo. A veces uno piensa cómo hago para que el ojo vea. No, el ojo ve. Dios nos ha dado la razón para buscar la verdad. Cuando uno dice Y por qué en estos tiempos parece que no es así. Porque ha entrado una enfermedad que es el relativismo. El relativista dice: Con mi cabeza no puedo encontrar la verdad, el mundo es un conjunto de pensamientos y cada uno tiene el suyo. Yo digo: Yo sí creo que con la razón puedo encontrar la verdad. Ahí está la lucha de hoy en el mundo. Hay gente que dice: No, la razón es incapaz de conocer la verdad, solo la puedo conocer con el microscopio, con la computadora. No, para razonar, analizar y profundizar Dios me ha dado una razón maravillosa, solo que está envuelta en egoísmos, soberbia, orgullo, flojera; pero la Iglesia me dice: Busca la verdad, Dios te ha dado esa luz. El relativista te dice: No discutamos tonterías, no nos interesa la verdad, nos interesa discutir las coyunturas y las pequeñeces que salen cada día.

AC: Vamos a una pausa.


 

AC: Seguimos aquí conversando con el Cardenal Juan Luis Cipriani sobre la educación y la manera en que la Iglesia entiende este proceso en el que es protagonista y contribuye. Hay una relación de siglos entre la Iglesia y al educación. 

CJLC: La Iglesia es Id por todo el mundo y enseñad el Evangelio. Si a Jesucristo podríamos definirlo Es un maestro que da la vida por lo que enseña. Más testimonio no pudo ser, murió para decir: “Todo lo que he dicho es verdad, que los amo, que Dios espera de ustedes un comportamiento, que estoy al lado de ustedes y permanezco vivo en la Eucaristía, que todo lo que estás diciendo lo he firmado con la muerte en la cruz”. No hay maestro más maestro. Entonces la Iglesia si quiere ser una verdadera discípula de Jesucristo fundamentalmente debe ser maestra. Por eso, insito en dejar muy clara la idea de responsabilidad y participación de los padres de familia en el proceso educativo, porque una sonrisa de un papá apoyando la enseñanza es más importante que toda la clase; y una palabra irónica o una burla de papá o mamá a un comentario de su hijo destruye. Es mucho lo que está en manos del papá.

AC: Que no significa que le hagan la tarea.

CJLC: No, eso los limita por gusto. He visto que muchas veces está de moda repetir la idea que los chicos y la educación de la fe es una cosa espontánea y voluntaria. Yo me pongo a pensar y digo por qué no hacemos lo mismo con el alimento o con las vacunas. En todo el campo de la educación, las comidas, el deporte, es importante que esa enorme libertad y autonomía esté orientada y testimoniada por los padres de familia; y la Iglesia tiene que reforzar ese principio y esa obligación, porque sino ocurre que nos llegamos llevar por una tesis en que la familia es un adorno que tiene que mirar al hijo y lo único importante es el diálogo. Hay que ejercer la autoridad y decir que existen normas. Si se rebela o molesta, es parte positiva de la educación.

Muchas veces, el proceso educativo como lo concibe la Iglesia, es el encuentro de dos libertades, del educando y del educador, de los padres y de los hijos; este encuentro de libertades hace que surja un empeño y un esfuerzo por ambas libertades. Por eso digo que hay que ponerse de acuerdo que no une el querer buscar la verdad y el bien. Si ese chico en su libertad se chupa una piedra que ha encontrado en la calle está en su libertad; yo en mí libertad de padre o profesor le digo Esa piedra debe estar llena de microbios o suciedad, te la vas a chupar y te va a dar una infección. No estoy hablando de psicología, estoy hablando de que la libertad tiene que ser encausada en buscar lo que es la verdad. Si esto lo llevamos al terreno de la conducta entonces ocurre como que la gente dice que en la conducta es diferente; si esta chica quiere salir a las seis de la mañana a buscara a un amigo es su problema, si este muchacho quiere drogarse, si este señor quiere ir a 200 por hora. No. Tenemos que ayudarlos a que haya una norma de conducta. En todo esto quisiera decir que no tengamos miedo a proponer los contenidos de la fe, el Catecismo de la iglesia Católica, a decirles cómo ha ocurrido la salvación del ser humano, cómo hay normas de conducta, cómo hay una virtud que es la castidad, cómo hay otra virtud que es la sinceridad y otra que es la justicia, tengo que explicar y proponer en la doctrina social de la Iglesia por qué el domingo es una fiesta del Señor y asistir a Misa es maravilloso. ¿Qué es la Misa? No debo tener miedo a que en el colegio pueda haber una Misa a la semana para que los chicos vayan y debo tener el coraje, la paciencia y la ejemplaridad para que los chicos puedan entender por qué el colegio les ofrece una Misa y por qué el sacerdote en lugar de querer entretenerlos les debe explicar algo de ese mensaje de Cristo. 

Es decir, Cristo no es aburrido, el aburrido es el profesor o el sacerdote o el obispo o el cardenal. La religión católica no es atrasada, busca el desarrollo, la felicidad y la libertad. Pero no todo progreso material o técnico me hace mejor. No tener temor. Lo que veo es que muchas veces esa sal y esa luz, que es el mensaje de Cristo, quiere como disfrazarse de helado y chocolate para que a todos les guste. No, el gusto viene de Dios. Por eso, los adolescentes y jóvenes si ven que los tomas en serio, escuchas sus problemas y das respuestas a sus desafíos, te valoran; si no sabes responder ni afrontar, si lo que quieres es imponente, no te valora. Ha llegado una época en que esa curiosidad hay que saberla alimentar y ordenar, no solamente limitar y prohibir. No podemos hacer el disparate diciendo que la libertad impide que haya autoridad. Es necesario para poder educar que haya orden y autoridad. 

Creo que con estos planteamientos podemos, al empezar el año, decirle a los profesores y padres de familia: Muéstrenle a sus hijos el amor a Jesús, el amor a la Iglesia, llévenlos a la Misa para que vayan entendiendo, denles explicaciones sobre por qué hay una conducta correcta y otra incorrecta, no te dejes avasallar por el relativismo. El modelo es Cristo y la alegría es lo que todos deseamos. 

AC: Se nos acabó el programa.

CJLC: Que Dios los bendiga a todos y que de verdad empiece este año lleno de objetivos, metas, ilusiones, verdaderamente una pastoral de la inteligencia, de la libertad y de la verdad. La bendición de Dios los acompañe a todos.

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