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Homilía en Corpus Christi Andino PDF Imprimir E-mail

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne
Domingo, 17 de junio de 2012
Corpus Christi Andino
Basílica Catedral de Lima

Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús.

Saludo a la Señora Alcaldesa, Susana Villarán, que hoy nos acompaña en esta fiesta del Corpus Christi Andino.

Saludo a los sacerdotes que me acompañan, P. Luis Ayala de la Vicaría quechua hablante.

A todos ustedes Mayordomos, miembros de las Hermandades, jóvenes y menos jóvenes que hoy vistiendo esos vestidos tan bonitos y tan representativos adornan la Basílica Catedral, corazón de la casa de Dios. 

La Catedral y el Arzobispo los reciben con gran alegría, con sus cantos, con esa fe que nuestros hermanos mayores sembraron en todos sus pueblos, con esas tradiciones que han iluminado siempre la vida de sus pueblos. 

Cómo no recordar con agradecimiento a sus padres, a sus abuelos que sembraron la semilla de la fe en Jesucristo y en su Madre, la Virgen María.

Hermanos, hoy a leer la palabra de Dios escuchamos un consejo muy bonito, que se puede resumir en la humildad. Nos dice Dios que cogió una rama alta de un cedro y esa rama la sembró, con el tiempo fue creciendo hasta convertirse en un árbol frondoso y grande. Ustedes conocen con detalle cómo en la Sierra se sigue con tanto cariño la siembra, la cosecha y las oraciones para que el Señor de fruto de la tierra.

Pues hermanos, en nuestras almas el Señor nos dice: “También hay esa tierra en donde esa semilla de la fe puede crecer”. Y así cada uno con esa bondad tan grande de Dios reconoce que somos una semilla pequeñita, el grande es Dios. Jesucristo, él es al que nosotros adoramos y nosotros somos pequeñitos, pero hijos de ese hombre grande, de Dios y por eso nos acordamos de él, acudimos a él y él nos responde, qué me dice: Colabora, pórtate bien en tu familia en primer lugar, que es donde todos tenemos que ayudar.

Los papás, hoy día que celebramos el día del padre, deben estar unidos a su esposa, queriendo y unidos a sus hijos, que vean el buen ejemplo del papá y de la mamá. Por eso Jesucristo me dice: Ayúdame en tu familia, a sembrar la semilla de la fe en tu trabajo, en tu conducta, porque hay que portarse bien. Hay que procurar que Jesús diga de nosotros: vienen a mi casa, se han puesto elegantes, cantan muy bonito, me han traído sus imágenes. Pero lo que más quiere Jesús es que cada uno se porte bien. Ustedes saben que lo pequeño, esa semilla, es muy bonito, es decir lo que cada día realizas en tu casa, en tu trabajo con fe, con honradez, sin mentir, sin robar, sin odiar, sin violencia.

Hay que entenderse, por qué vamos a discutir, por qué vamos a estar divididos, tenemos que estar unidos, no es fácil pero es lo que Dios nos enseña. Tenemos que estar unidos en la verdad, en la justicia, tenemos que estar unidos en no tomar demasiado licor, porque cuando se toma mucho licor empieza la mala conducta y la violencia. Ustedes lo saben y si no le diré a la esposa: saca el chicote, saca el “sanmartincito” y dale fuerte. Hay que portarse bien.

Jesús quiere la felicidad, quiere la educación, la salud de todos ustedes. Él cuenta con tu vida, con el tiempo que tú tienes para que como esa semilla tu familia va creciendo, vayan siendo mayores, vayan ayudándose y cuando llega la abuelita, ayudarla; y si está enferma, acompañarla; y si el niño está débil, a cuidarlo y a educarlo. Por eso el tiempo es muy importante porque Jesús me dice: “Yo soy el reino de Dios”. Jesucristo es todo y nosotros poco a poco lo conocemos, lo queremos y aprendemos de él. 

A veces este país quiere los cambios bruscos, milagrosos y eso no es verdad, hay que trabajar, hay que unirse, hay que sembrar la semilla, regarla, limpiarla, cuidar la planta y así va progresando el país.

Los que nos quieren decir que hay unos cambios milagrosos mienten, abusan de la buena voluntad de ustedes. Las cosas hermanos van cambiando poco a poco, a ese niño que es tu hijo lentamente le enseñas a hablar, le enseñas a saludar, a comer, lo llevas de la mano, va al colegio y poco a poco va siendo ese hijo estupendo. Y cuando ya estén mayores los hijos acompañan al papá, a la abuelita que ya no puede caminar sola. Esa es la familia que yo he visto en la Sierra, esa es la familia peruana.

Por eso hermanos, con la alegría de esta fiesta dominical, la alegría del Cuerpo de Cristo le decimos al Señor: Ven Señor Jesús, ven Hostia Santa, ven Qollanan María, Madre de la Iglesia, cuida nuestras familias, nuestra juventud, la niñez, los ancianos, cuida al Papa, cuida a tus pastores, protege y bendice a la Iglesia. 

Hermanos, con gran alegría hoy en la Misa Dios reza y bendice por este maravilloso ejemplo de los quechuas hablantes, este es el Perú, este es la riqueza del Perú, así es nuestra Iglesia católica de variada, con ese amor a Jesús y a María.

Que Dios los bendiga a todos.

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