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Homilía en Domingo de Ramos PDF Imprimir E-mail

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Domingo, 17 de marzo del 2011
Domingo de Ramos
Basílica Catedral de Lima

Muy queridos hermanos, acabamos de escuchar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y me venia a la mente y al corazón, la vida de cada uno de nosotros la encontramos en la Pasión. 

Lee la Pasión, mira los diferentes protagonistas, mira tu corazón y pregúntate cerca de cual de estos protagonistas está mi vida, porque encontramos desde el primer instante que aparece Judas el discípulo, el escogido por Cristo, traidor por dinero, es un personaje que vio a su Maestro, el que había sido elegido, el que había visto el amor de Jesús de manera muy cercana y uno se pone a pensar ¿cómo es posible?, ¿se equivocó Dios al escoger a Judas?; y viene la gran respuesta, es que en tu vida y en la mía si no somos fieles podemos ser Judas el traidor, el traidor acaba vendiéndose por dinero y ahorcándose, acaba muy mal. La traición es algo muy grave, el dar la palabra y no cumplir, el romper esa alianza con Dios.

Y si seguimos avanzando vamos a encontrar cómo los discípulos hacen una promesa, yo no te dejaré nunca; y el que más fuerte promete es Pedro, la roca, el Papa.

Pedro le dice a Jesús: yo jamás te negaré, pero sabes que este Pedro ahora, piensa que sus fuerzas son suficientes, lo que nos pasa a nosotros constantemente: yo voy a ser mejor, yo voy a rezar, yo voy a procurar ayudar, yo voy a ser una buena persona, yo voy a estudiar más, yo voy a perdonarte. Ojo con la soberbia, porque ese Pedro lleno de buena voluntad pero quería él hacer todo solo. Y ya vemos como cuando le hacen dos preguntas: “¿oye tú estabas con Jesús?”. “No lo conozco”. ¿Dónde está tu seguridad, Pedro?, ¿por qué tan cobarde? 

Hay un abismo entre el traidor y el cobarde, el traidor no se arrepiente, se desespera. Pedro cobarde llora, se arrepiente. Hay un abismo entre el que perdona y el que odia, hay un abismo en el que se quiere salvar solo o el que cuenta con Dios. Pero como te decía mira en donde te encuentras

Más adelante surge Jesús como protagonista, tomen mi cuerpo, tomen mi sangre, bébanlo; todos ustedes se van alejar, pero no los abandonaré jamás y en esa muestra de infinito amor Jesús nos da un consejo: “hay que rezar, yo me voy a rezar, quiero estar con mi Padre porque solo no voy a poder aguantar la Pasión”. Jesús nos dice: reza, háblame, escúchame y Jesús dice algo muy parecido en nuestro corazón, me muero de tristeza. Y Decimos: tantas veces te traicionado, tantas veces quiero ser bueno solo, tantas veces me dejo ganar por el odio, tantas veces que he fallado. 

Y ese diálogo de Jesús, lleno de tristeza, “Padre que pase este dolor, de este cáliz, que se aleje de mí esta Pasión, pero que no haga lo que yo quiero sino lo que tu quieres”; Jesús está en ese diálogo tan sincero. En la oración, hermanos, Jesús te espera con tus defectos, con tus pecados, pero con la sinceridad, la mentira no. Jesús habla con el corazón en la mano, Padre no me atrevo, Padre estoy triste, estoy solo, me han abandonado, me abandono en tus manos, lo que tu quieras yo lo sé. Es Cristo, también podemos ver en él nuestra vida y cuando regresa nos encuentra dormidos.

Hermanos, aquí me quisiera yo detener un poquito, ese sueño que nos invade en el mundo de hoy, el sueño de que todo es problema de dinero, todo es problema de egoísmo, que saco, que me dan, cuanto quiero, me venden y me compran; el sueño del odio no perdona, no hay derecho, de ninguna manera, el odio del pecador soberbio que no quiere perdonar porque él no merece perdón, el odio de la violencia, el sueño del placer, la vida como bien estamos, la vida como éxito, la vida como pura diversión y especialmente les digo a la juventud, despierten de ese mal sueño, anímense a estudiar, a querer a sus padres, a ser amigos de sus amigos, a mirar a Jesús que te busca y que quiere acompañarte toda la vida, a pedir perdón todas las veces que sea necesario, a estar alegres. 

La vida no es este odio y esta pelea en la que día tras día quieren ahogar la esperanza de la juventud y nosotros que somos mayores tenemos gran responsabilidad porque nuestros padres y nuestros abuelos nos dejaron un ambiente mucho más agradable y sincero. Por eso Jesús les dice “No se duerman, no caigan en la tentación, el espíritu tiene mucha decisión pero la carne es débil”. 

¡No se duerman, pueblo católico no se duerman!, nuestro Cristo vive, nuestro Cristo perdona, ama, comprende, habla, escucha, está en la confesión, está vivo en la Eucaristía, tenemos que arrojar lejos este ambiente de odios, de mentiras, de venganzas, de maquinaciones. El demonio genera ese clima que nos adormece, que nos pone tristes, que nos llena de temor, no hermanos la vida es bella, la familia es una maravilla, Cristo sigue iluminando tu corazón y me dirás son palabras, mi vida es más dura.

Hermanos, la muerte de Cristo te hace pensar, no fueron palabras, dio su vida, el ejemplo, el testimonio de que me pide hoy la gente que yo vea que me amas, que me comprende.

Así vemos como Jesús, cuando los discípulos quieren defenderlo con la violencia dice: quien usa espada a espada morirá, ningún género de violencia por ningún motivo jamás estará en el corazón de Dios, en nombre de Dios jamás se podrá justificar la violencia de ningún tipo, la Pasión me lo dice. 

Por eso cuando Jesús empieza ese juicio, esa mentira en la que lo acusan de falsedades, en la que le van haciendo burlas, le escupen, lo azotan; él no se defiende, el calla, para perdonar calla y luego empieza esa enorme carga, el amor, empezar a burlarse de que era el rey. Luego viene aquel que se cree poderoso y se lo lleva a Jesús.

Pilatos se lava las manos y luego se lo llevan para que los sumos sacerdotes que, justamente saben la verdad, siempre tienen la razón y ellos empiezan realmente con un cinismo enorme. Hermanos, tu vida y la mía son como fotografía de estas etapas. Tantas veces me veo reflejado, escoge el papel de Cristo: Señor yo quiero ser tu discípulo.

Cuando está en esa situación salen esas palabras: Dios mío, Dios mío porque me haz abandonado, que duro es tantas veces el pecado, el pecado que te hace sentir que Dios te abandona, cuando te alejas de Dios sientes ese abandono, Jesús quiso llegar hasta ahí para que tu y yo nos perdonen. 

Luego viene ese grupo de mujeres en donde sobresale María, mamás, mujeres, el testamento de la Pasión pide que tú mamá jamás abandones a tus hijos, que tú mujer jamás te alejes del dolor, te necesitamos mujer fuerte, noble, fiel. Te necesitamos mamá, estés aquí o en la otra vida, nuestra Madre María siempre estará a tu lado, y volvemos a esa pregunta ¿crees en esta Pasión que es mi vida y es tu vida que hoy empezamos? 

Hay muchos personajes, lee estos personajes y escoge a Cristo, no tengas miedo al dolor, no tengas miedo a ese Padre bueno, no vayas por el camino de la violencia, del placer, de venderte por dinero, de la búsqueda del poder, del atropellar a los demás, seamos un pueblo que hoy Jesús nos contempla con tanta alegría, nos ama, nos bendice, nos perdone pero ábranme ese corazón, déjame que te ame. Esto es lo que Jesús hoy nos dice a todos: déjame que te ame, porque al amarte te llevaré de la mano a la confesión, a la oración, a la familia, al trabajo. No hay más que el Mesías, no hay nadie más que nos pueda prometer la salvación, la paz y la felicidad.

Así sea.

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