- Domingo, 01 de junio de 2008 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani en la fiesta del Corpus Andino

Domingo, 01 de junio de 2008

Muy querido P. Juan Serpa, Vicario para todo este grupo maravilloso de quechuahablantes que provienen de diferentes partes del país, de Lima, pero que encuentran en esta Basílica Catedral ¡su casa!, porque la gran cantidad de hermanos nuestros que vienen de la sierra y que tienen no solo la lengua quechua sino que traen también todas estas huellas de esa labor misionera que durante siglos alumbró Cusco, Ayacucho, Apurímac, Puno, Huancayo y tantos otros lugares que fueron en la historia del Perú una escuela de fe católica.

Hermanos, no pierdan ese tesoro. Quiero saludar a las hermandades, a todos los grupos danzantes, a los mayordomos,  ¡a todos!; en la casa de Dios hay espacio ¡para todos! Pero la puerta es solo una, la puerta es ¡Cristo!, tengo que entrar por ese amor a Cristo. Y ¿Cómo lo voy a amar si no lo conozco? Tengo que conocerlo estudiando el Catecismo, estudiando esos devocionarios que durante siglos, sus padres, sus abuelos, todos los domingos daban la doctrina, en los pueblos, en la ciudad, en los templos.

Por eso, la Gran misión de Lima tiene esa primera tarea: tenemos que conocer a Cristo; tenemos que estudiar el catecismo, no sólo estudiarlo, sino ¡ser amigos de Cristo! Para eso, estamos hoy recordando esa gran fiesta del Corpus Christi. Para ser amigos de Cristo hay que conocerlo, hay que tratarlo, hay que visitarlo; y así voy entrando por la puerta a la Iglesia.

Y nos damos cuenta que esa tarea de estudiar la fe, de estudiar el catecismo tiene una responsabilidad muy grande, los papás, las escuelas. Todos –como decía el P. Serpa- somos misioneros. Y por eso, tenemos que llevar a Cristo, -si lo tenemos dentro- a otros.

Piensen hermanos, en las palabras de Jesús que hemos escuchado en el evangelio: “entrará en el reino de los cielos, el que cumple la voluntad de mi Padre”. Y aquí, con toda sinceridad, como padre y pastor les digo, tengan cuidado porque estamos en unos tiempos donde la gente puede decir ‘yo creo’, pero no entra por la puerta de Cristo ¿porqué? ¡Porque no cumple los mandamientos!

El camino para encontrar a Cristo son los diez mandamientos

Para obedecer a Cristo hay que saber que el camino son los diez mandamientos: amar a Dios sobre todas las cosas, no jurar su santo nombre en vano, santificar las fiestas, el domingo, honrar padre y madre ¡la familia unida!, papás y mamás. No se trata de seguir esa huella equivocada de los legisladores que en lugar de enseñarnos a unir el matrimonio, están fabricando trampas para romperlo con más facilidad.

Hermanos, la familia unida, hay que cuidar esa fidelidad entre papá y mamá, un hombre y una mujer porque tienen la obligación de educar a sus hijos. El quinto mandamiento, el no matar, el no usar la violencia, el no maltratar el cuerpo con la bebida, el licor que tanto daño hace al hogar.  El sexto mandamiento, el no cometer actos impuros, buscando a otras mujeres y a otros hombres, vivir derechos como hombres y mujeres que saben que su cuerpo ¡es templo de Dios, no es mercadería!  Jóvenes, sigan a sus padres y abuelos, ¡más respeto! Esas fiestas que se ven por tantos lugares de la ciudad en la que realmente se maltrata y se abusa de la dignidad del cuerpo, jóvenes que se corrompen desde chicos y luego vienen esos pobres hijos que no saben ni quien es su padre.

Les tengo que hablar con la verdad, porque la puerta para entrar a la Iglesia es Cristo y estos son mandamientos de la Ley de Dios que Cristo nos enseña. Y el séptimo mandamiento, no robar, no apropiarse de lo ajeno. Y el octavo mandamiento, no mentir, no hablar mal del prójimo, no odiar, no tener envidias. Y el noveno mandamiento, pensar limpio, no pensar deseando la mujer ajena.  Y el décimo mandamiento, no tener esa codicia, egoísmo por los bienes materiales.

Cristo es la roca que vence  al demonio

Hemos escuchado también en el evangelio que Jesús se compara con una roca, que vienen las dificultades y no se cae. Esa roca es Cristo, hay que conocerlo, hay que rezarle, hay que visitarlo; y cuando uno está débil y enfermo, confesarse, pedir perdón por los pecados.

Pero también hay otras puertas, que no es Cristo, es el diablo; también el diablo invita con mucho ruido, ilumina la mentira, el odio, la violencia, la infidelidad; y por el demonio uno se mete también en esa casa, que no es de Dios y que está construida sobre arena. Por lo tanto, cuando viene una dificultad ¡se cae!, cuando tengo un problema ¡se cae! Y hablamos de la violencia, de la mentira, del odio, porque esa casa no es de Dios, eso se llama ¡el infierno! y la puerta la maneja ¡el demonio!  Para ti y para mi hay dos puertas ¡hay que escoger! Pero no basta decir ‘yo creo’, los demonios también dicen ‘yo creo’ y tiemblan de ¡temor!

Hoy, acogiéndolos en esta basílica Catedral con tanto cariño, así también cuando el padre reúne a los hijos les tiene que dar una pequeña lección, les tiene que enseñar para que les vaya bien y les tiene que llamar la atención sino se portan bien. Por eso, hoy he querido un repaso rápido de los diez mandamientos, porque son el camino para encontrar a Cristo.

Busca el Corazón de Jesús, en él encontraremos lo que necesitamos

Acabamos de terminar el mes de mayo, mes de la Virgen, los animo a continuar a lo largo del año muy unidos a María con el rezo del rosario en familia, en el templo, en la escuela. Aprendamos a acompañar a Nuestra Madre con esa oración que a ella tanto le gusta ¡el rosario! Llevemos flores a nuestra madre, vayamos a visitarla al templo, tengan alguna estampa como tiene un buen hijo una foto de su madre guardada en el bolsillo para que lo acompañe siempre.

Y hoy, empieza el mes de junio, también la Iglesia los invita a tener ese gran amor al Sagrado Corazón de Jesús. No te olvides, en ese corazón de Cristo esta todo el amor, todo el perdón, toda la misericordia, allí puedes encontrar la calma, la serenidad, allí puedes encontrar la acogida a todos tus problemas ¡Busca ese corazón de Jesús! Cuando parece que todo se apaga queda la luz: el corazón de Cristo.

Ustedes representan un tesoro en la historia de la Iglesia del Perú, representan cuatrocientos años de fe en condiciones difíciles, con mucha pobreza, pero la fe ¡siempre!, no vaya a ser que ahora con cuatro ideas falsas empiecen a dudar ¡de la fe en Cristo!

Por eso, hermanos, bienvenidos a esta Iglesia Catedral a la que han entrado por la puerta, ¡por Cristo!, y se han encontrado con su madre Santa María. Gracias por venir.

 
 

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