Muy queridos hermanos en Cristo Jesús, muy querido P. Jaime Calvo, saludo especialmente a la comunidad mercedaria que nos acompaña, luego será premiada ya que el día del Corpus, en el concurso de las mejores alfombras ellos resultaron ganadores.
Creer contra toda esperanza, no vacilar en la fe
Hoy, como todos los domingos le preguntamos a Jesús ¿qué nos quieres enseñar a través de estas palabras de la Escritura? San Pablo en la carta a los Romanos habla de Abraham, apoyado en la esperanza creyó contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según como se le había dicho, no vaciló en la fe.
Allí tenemos un punto de partida, creyó contra toda esperanza, no vaciló en la fe; en esta escuela que el Espíritu Santo tiene en el corazón de cada uno donde Él habla, el Espíritu Santo nos ha dado muchas clases explicándonos que para tener esa fe que no vacila hace falta un abandono total, una entrega total; es decir, el que quiere en esa vida de amistad negociar con Dios va perdido ¡Dios no negocia!
El que quiere medir, comprobar si Dios lo escucha, ¡jamás encontrará respuesta!, el Señor pide abandono; muchas veces uno dice ‘ya recé y no me ha dado nada’ ‘ya pedí, y no sanó al enfermo, no conseguí trabajo…’ y no te das cuenta que en el fondo de tu oración falta la fe, estás usando la oración como si fuera un mecanismo, como el que –diríamos- pone el motor del carro para que funcione… y Dios ¡no es un mecanismo! Dios es una persona, es las tres personas, es la perfección; te conoce, te ve. ¡Cómo va a permitir que tú estés desconfiando de Él, a ver si consigues algo!
Muchas veces, en la Iglesia encontramos ese enorme error, fruto del egoísmo, fruto de la falta de fe. Hagamos esa conclusión en nuestra vida, sí creo en Él ¡hasta el final! Porque Él si necesita corregirme ¡lo hará!, si necesita explicarme ¡me explicará!; lo que no va a hacer Jesús es ver que te entregas con confianza a la oración, al trabajo, a la familia; que te acercas a Él, que le rezas, que te confiesas, te acercas a misa, que procuras leer la palabra de Dios, que meditas, y se va a reír de ti diciendo ’Mira cómo lo engaño’ ¡Eso es imposible de pensar!
Por lo tanto, cuando hay esa confianza, ese abandono ¡total!, entonces vemos como en el caso de Abraham, no fue una promesa inútil, sino que realmente vio esa infinita descendencia, lo creyó contra lo que él veía, su edad, la esterilidad, humanamente hablando es imposible, pero ¡creo!
Para los hombres las cosas posibles, para Dios las imposibles
Hermanos, una manera sencilla de explicarlo es diciendo que para nosotros los seres humanos están las cosas posibles; para Dios está lo imposible. Cuando a veces se tiene la ilusión de mejorar en la vida personal, de ayudar a un familiar, de procurar cambiar a unos amigos, de llevar una enfermedad con serenidad, de soñar con que la gente mejore y cambie, de ofrecer una injusticia, de terminar con un pecado que a uno le agobia, cuando se vive esa situación lo posible está en tus manos, busca consejo, estudia, trabaja, conversa, anda al médico, es lo posible. Pero, hermanos, ¡hay tantos imposibles que Dios quiere realizar a través nuestro!
No podemos leer el Evangelio pensando que era un cuento antiguo. ¡Hoy hay milagros!, el milagro de tu conversión, el milagro de aquel joven que se vuelve a acercar a Dios, el milagro de aquel matrimonio que se vuelve a unir, el milagro de aquella persona que deja de calumniar o de hacer injusticias; los milagros requieren de que tú ¡aceptes!
Lo primero que hoy veo en esta palabra de Dios, creer contra toda esperanza, tener una fe que no vacila. En segundo lugar, vemos en el Evangelio que Jesús dice “no tienen necesidad de médico, los que están sanos, sino los que están enfermos”, y continúa “vayan, aprendan lo que significa, misericordia quiero y no sacrificios, que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”. Cómo hacemos Señor, para entender, penetrar en ese corazón tuyo ¡Misericordioso!
Más fruto da tener un corazón misericordioso
En estos tiempos se habla mucho de condiciones externas: sabe idiomas, sabe computación, sabe de economía ¡es un gran estratega!, sabe mucho de inversiones, es un gran mecánico, todo es habilidades materiales. ¡Cuándo será el día en que hablemos del mismo modo de esas habilidades profundas del espíritu humano, mucho más importante que las habilidades materiales! Cuándo podremos decir de este hombre o de esta mujer ¡es un hombre generoso! ¡es un hombre justo! ¡es una persona sincera! ¡es buen amigo! ¡es un hombre recto! ¡es una mujer valiente!; o decir, ¡tiene un corazón misericordioso!
Las habilidades materiales físicas ¡se pagan bien!, pero son ¡materiales y físicas! Superiores son las capacidades ¡interiores de la persona! ¡mucho más fruto te da tener un corazón misericordioso! No te dará dinero, pero te da alegría, paz, amistad, honra, dignidad, estos valores están ¡desacreditados!, ¡no le interesa a la gente! Ya llegará el día en que el mundo finalmente despierte de esa carrera de comodidad, de éxito, de beneficio económico, de puro placer, de puro egoísmo ¡ya despertará! La Iglesia no se va a acomodar a los tiempos, la Iglesia siguiendo el mensaje de Cristo dirá “aprende lo que significa misericordia quiero y no sacrificios, que no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores”.
¡Misericordia! Tener un corazón donde caben las miserias de los demás y las comprendo y las corrijo y procuro sanarlas; lo contrario de la misericordia, el odio, la venganza, la soberbia. El hombre de misericordia, como se siente débil y capaz de cometer pecados mira a los demás con esa comprensión, mira a los demás con ese amor; pero ojo, el hombre de misericordia no se olvida de la justicia y cuando debe corregir ¡corrige!, pero corrige con caridad, con dulzura. El que no tiene misericordia está en esa antigua ley del ojo por ojo y diente por diente. Venganzas, envidias, resentimientos, cóleras.
Cuántas veces escuchando largas horas de confesiones, uno dice que tal acumulación de dolores ¡inútiles!, son producto de la venganza, del resentimiento, del egoísmo, porque falta la misericordia.
La misericordia, gran condición para una sociedad justa
Por eso, al contemplar esta enseñanza del Señor, entra en tu corazón ¿cómo reaccionas cuando eres sujeto de una injusticia?, ¿con cólera, odio?, ¿como reaccionas cuando ves un pecado de una mujer que se porta mal? Criticas, haces leña del árbol caído, murmuras; o tienes un corazón que los demás puedan decir ‘esta mujer te cuidará siempre las espaldas, este muchacho será un amigo con el que puedes contar siempre, porque cuando te corrige, te lo dice en la cara; y cuando ven tu errores se callan, comprende, reza, ayuda.
Gran condición de los padres de familia ¡La misericordia! Gran condición de los gobernantes ¡La misericordia! La sola justicia no construye futuros, la sola justicia hace cementerios, es implacable, no anima, es normalmente dura, fría –casi diría- no es justicia.
Es como los fariseos, dicen ¡castígalo!, pero ellos no cumplen, son grandes aplicadores de la justicia para los demás. En cambio, hermanos, si le ponemos a la justicia caridad, el amor a Dios y al prójimo, si vamos al corazón de Jesús para meternos ahí, y vivir junto a Él el abandono en la cruz, el abandono de los discípulos, el llanto por Lázaro, el mirar a su madre al pie de la cruz. Vemos cualquier pasaje de ese corazón de Jesús, si Él es Dios Hombre, es mi ejemplo.
María, ejemplo de Escuela de fe
Señor, dame un corazón limpio, puro, misericordioso. Hermanos, sembremos esto, hoy no tiene buen mercado, no le interesa a la gente; pero la Iglesia justo en estos tiempos siembra para que la juventud vaya aprendiendo.
Por eso, hoy nos quedamos en estas dos grandes elecciones, una de fe, esos imposibles que Dios quiere hacer contigo y precisamente quiere hacer esos imposibles con tu corazón misericordioso. Acudimos a nuestra Madre, hemos celebrado el Corazón dulcísimo de María hace unos días, le decimos a ella ‘Enséñanos, llévanos a esa escuela de tu Hijo, enséñanos a vivir en la vida diaria esa lección maravillosa que nos cuenta el Evangelio de ti “María guardaba en su corazón ponderando”, a veces no entendía, a veces sufría, a veces pensaría ‘mi hijo se ha vuelto a ir, que pasa con Jesús’. Pero no se queja, no murmura, no critica, guarda en su corazón, medita y viene la luz, viene el camino. Esa es nuestra vida, hermanos, un día y otro.
Así sea.