Señor Embajador de la República Popular de China, excelentísimos miembros del Poder Ejecutivo, ilustres autoridades, señores periodistas, queridos hermanos todos en Cristo Jesús:
Esta misa tiene una particular significación. En la Arquidiócesis de Lima hay una Vicaría para atender de manera especial a la población china que hay aquí. Y esta Vicaría reconociendo la cultura, el idioma, la música, la liturgia, permanentemente acompaña a estos hermanos nuestros en esa parte tan importante de su vida: la dimensión religiosa.
Por eso, hemos acogido con tanta alegría esta invitación del Santo Padre. El Papa Benedicto XVI convocó a una jornada de oración y solidaridad por las víctimas del terremoto que asoló China el 12 de mayo.
Es bueno que reflexionemos todos, el mundo cambia, los cambios son acelerados, en esos cambios hay aspectos que son –vamos a decir- coyunturales y aspectos más de fondo.
El Santo Padre nos invita a todos a que esos elementos comunes que nos unen, sean elementos que se promuevan más; y a través de esa mayor confianza logremos ir formando un solo cuerpo. Para nosotros mandato de Dios, mandato de Cristo, para toda la humanidad desafío en el cual el mundo moderno está incorporado.
La globalización tiene como fundamento a la persona humana
Esta llamada globalización requiere de un sustento, no solamente en el campo económico, sino fundamentalmente en el campo humano. La globalización tiene como fundamento que hay una sola raza humana, no hay colores ni lenguas, ni diferencias en la base: la persona humana.
Todo sistema por muy diferente que sea va acercándose a esa común definición de aceptación, de lo que es la libertad del ser humano, lo que es la dimensión religiosa; y frente a esa base cultural común van surgiendo muchos aportes para beneficio de los pueblos: económicos, educativos, de intercambios; la tierra se va haciendo pequeña.
Creo yo, que el mundo pide hoy a quienes tenemos responsabilidades, saber mirar con esa mirada más profunda, más seria para saber separar lo accidental de lo esencial. Y es allí donde la Iglesia, una cultura religiosa cristiana, con enorme respeto mira a esa cultura milenaria de la China; y al mismo tiempo, en ese diálogo lento va volviéndose a recuperar la confianza y la Iglesia vuelve a tener un espacio en el cual todos esos hermanos nuestros se expresan libremente con Dios.
Desafío de la globalización: la solidaridad
Hoy, acogiendo esa llamada del Papa, el desafío de la globalización tiene como punto central la globalización de la solidaridad; y qué mayor expresión de solidaridad que rezar a Dios Todopoderoso por las almas, las vidas de tantos cientos y miles de hermanos nuestros que han pasado de esta vida a la otra; miles y miles de familias que han experimentado el dolor de la destrucción. Todo un pueblo, todo un gobierno que se ha movilizado y que ha visto al mundo movilizarse para compartir estos momentos como hermanos: con la oración y el apoyo.
Por eso, señor embajador, para nosotros en la Iglesia Católica es sumamente importante estirar la mano al pueblo chino, buscando esa confianza, esa libertad religiosa que poco a poco va permitiendo a que todos se expresen en lo que son los fundamentos de su fe, con respeto a lo que es la dimensión política, económica que es una materia opinable, en donde diferentes alternativas son acogidas en la medida que respetan la esencia de la persona, imagen de Dios, libre, sujeto de una dignidad que no puede ser negociada nunca.
Con gran gozo acogemos a la Vicaría China en esta Catedral para rezar por ese pueblo amigo, hermano para que el Señor los ayude, los ilumine en esa tarea que cada vez se ve más importante en el mundo de hoy: el papel de China en el concierto universal; le exige también a esta República insertarse en la globalización del mundo de hoy, no solo en lo económico sino en todos los aspectos.
La modernidad exige una mayor participación de la familia en el proyecto educativo
Quisiera también mencionar hoy, el día que estamos celebrando en el país y en muchas partes del mundo: el día del padre. Esa paternidad que viene de nuestro Padre Dios ¡Cuántas cosas tiene que decirnos Dios, hoy! Esa paternidad que tiene un contenido interior, lo que es la vocación de padre tiene un contenido que viene de nuestro Padre Dios.
Vale la pena que los padres de familia profundicen más la responsabilidad tan grande en la educación. La modernidad exige una mayor participación de la familia en el proyecto educativo, por la velocidad, por las circunstancias, por el movimiento de la gente, exige que ese núcleo vital, pequeño que es la familia esté cuidando aquellas dimensiones tan importantes que dejan una huella para siempre, de ternura, confianza, estima, ilusión, esperanza; eso sólo se logra en ese sagrario que es la familia.
Sin embargo, vemos que la tendencia de lo real va en sentido contrario, cada vez menos participación de la familia y más irresponsabilidad en el proyecto educativo.
La Trinidad, ejemplo de filiación
Hoy cuando se celebra el día del Padre, qué buena ocasión para pedirle ayuda a Dios, no es fácil hoy ser padre, no es fácil en este cambio generacional adaptar las costumbres de la juventud, de los hijos a las costumbres de los padres y de los abuelos; pero es muy necesario.
También apelo en esta fiesta de la paternidad a lo que se llama la filiación; para ser buen padre también es necesario ser buenos hijos. La paternidad es el movimiento de amor, de corresponsabilidad de padres a hijos, requiere del movimiento inverso, de la responsabilidad y respuesta de los hijos hacia los padres ¡la filiación!
Son elementos que vienen de la Santísima Trinidad, Jesucristo, filiación eterna del Padre; Espíritu Santo, amor mutuo de Padre e Hijo. Pues, ahí tienen hermanos, el modelo más importante, el modelo divino, en este día que hoy celebramos: el día del Padre. Y por supuesto, complemento necesario y esencial del día del Padre ¡la maternidad!
Por lo tanto, también hoy, hacemos una felicitación muy especial a las madres. Maternidad y paternidad son elementos esenciales ¡filiación! Esto hoy, la modernidad lo exige, tal vez, con creatividad, con modos que se adapten a la situación actual; pero en ningún caso modificando esa célula fundamental de cualquier proceso económico, político, educativo, social ¡la familia!
Seamos operarios en la mies del Señor, hagamos una gran familia promocionando los valores que nos unen
Jesucristo, en el Evangelio, se compadece, pide que haya operarios; esos operarios y trabajadores no son sólo los sacerdotes, toda persona que se preocupa por el prójimo, todo gobernante, todo padre de familia, toda persona que tiene una responsabilidad en la sociedad está dentro de esta llamada de Jesús “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos”. Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.
Finalmente, aquella frase que define la actitud cristiana ‘lo que has recibido gratis, dalo gratis’. Señor embajador, lo que Dios nos ha dado a todos ¡gratis! de ser hijos de un Creador, nos lleva a esa responsabilidad. Hagamos una gran familia, promocionemos los valores que nos unen como la solidaridad, la dignidad humana, la libertad; y vayamos acercándonos en aquellos otros campos más concretos, como es el de la libertad religiosa.
Que María Santísima nos bendiga a todos, ¡Un feliz día a los papás! ¡Un feliz día a los hijos y a las madres! ¡A la familia entera!
Así sea.