Muy queridos hermanos que hoy nos hemos reunido en esta Basílica Catedral, en esta santa misa en la solemnidad de San Juan Bautista, el hombre que anunció y abrió camino a la llegada de Jesús. Un saludo muy cordial a todos los miembros de las vicarías, a religiosas, religiosos, a todos los catequistas, a los miembros de los movimientos, a las hermandades:
La Escuela Parroquial: núcleo importante de la Gran Misión
Hoy, estamos celebrando esta primera etapa de la Gran Misión de Lima, la formación de los misioneros de las Escuelas Vicariales, formación que con la ayuda de estas guías para la animación estamos llevando adelante con gran entusiasmo, unidos a los párrocos, a los vicarios parroquiales, a todos los animadores, a toda la gente que con un esfuerzo especial de un horario especial, están asistiendo a estos cursos –algunos ya han terminado el plan de preparación- para volver a sus parroquias y empezar la Escuela Parroquial, núcleo importante de la Gran Misión de Lima: La Escuela Parroquial.
Cinco aspectos de la Gran Misión:
1. Quien conoce a Dios, conoce la realidad
De la mano del Santo Padre Benedicto XVI, reflexionemos juntos en la presencia de Dios sobre cinco aspectos de la Gran Misión. La primera afirmación importante en la vida de todos es saber que sólo quien reconoce a Dios conoce la realidad y puede responder de una manera adecuada, puede hacer que esa realidad sea más humana y más cristiana. Y de esta primera afirmación surge una pregunta ¿Cómo podemos conocer a Dios? Para el cristiano –para nosotros- la respuesta es simple: sólo Dios conoce a Dios, sólo su hijo Jesucristo, que es Dios de Dios, Dios verdadero lo conoce.
De allí la importancia de esa primera afirmación, hay que conocer a Dios para poder conocer la realidad, la familia, los hijos, el trabajo, la sociedad, la cultura, el deporte, el descanso, la familia, a todos los planes de esa realidad hay que ponerle la sal de la presencia de Dios. Y aquí la respuesta es muy clara: sólo conocemos a Dios, en Cristo y con Cristo, sólo Él es el camino, la verdad y la vida.
2. ¿Qué es lo que nos da esa fe en Dios a través de Cristo?
La segunda afirmación, ¿Qué es lo que nos da esa fe en Dios a través de Cristo? Nos da una familia, la Iglesia católica; la fe nos libera de ese aislarse cada uno en su problema, ese pensar que los demás no me comprenden o no me ayudan, de pensar que me salvo solo. Sin embargo, el mismo Dios en Cristo me dice: ¡No!, te convoco en esta gran familia que es la Iglesia. Dios, Cristo Iglesia.
Y por eso, ¡qué importante es conocer bien la Iglesia! ¿Cómo podemos hacer para seguir a Cristo, para encontrarlo, para comunicarme con los demás, para ver en este mundo un ambiente más agradable, más esperanza? ¿Cómo hacemos para que nuestros barrios, nuestras parroquias, nuestras escuelas, nuestras comunidades, nuestros movimientos, nuestras hermandades, nuestros hospitales, nuestras universidades? ¿Cómo hacemos para que en ese ambiente podamos realmente encontrar a Cristo?
3. En la Iglesia encuentro y conozco la presencia viva de Cristo
Y viene la tercera afirmación: en la Iglesia lo encuentro y lo conozco a través del conocimiento de la palabra de Dios; a través de la presencia viva de Cristo, los sacramentos; a través de ese camino de Cristo, los mandamientos; a través de ese estilo de vida de Cristo, las bienaventuranzas. Y por eso, el conocimiento profundo de la Iglesia, de Jesucristo, de los sacramentos, de la palabra de Dios, de los mandamientos, es condición indispensable; estamos en esta tarea de educarlos.
Por eso, hemos dicho que esta Gran Misión tiene una primera etapa: Escuelas Vicariales, para preparar a los que ahora van a impulsar la Escuela Parroquial. En la Escuela Parroquial –con la gracia de Dios- deben reunirse no menos de doscientas, quinientas personas; laicos, jóvenes, casados, solteros, mujeres, hombres que quieren conocer a Dios, a Jesucristo, a la Iglesia.
4. La catequesis introducirá al pueblo de Dios en el misterio de Cristo
La cuarta afirmación es que la catequesis es el gran medio de esta misión que va a introducir al pueblo de Dios en el misterio de Cristo. Esta catequesis que algunas Escuelas Vicariales han terminado, otras están muy avanzadas; esta catequesis hermanos, encuentra siempre la dificultad del horario ¡Sí!, de las distancias; a veces del cansancio. Pero hermanos, ¡No andaba Jesús por todas partes sembrando: una palabra, un gesto! ¡No andaba santo Toribio de Mogrovejo por valles, montañas, con frío y con calor!
Les agradezco y les animo a mantener ese impulso, hay que mantener viva esa constante necesidad de formarse, de conocer más a Cristo, de encontrarnos más con Él, de tener la Palabra de Dios más incorporada para poder llevarla a otros, y para eso la catequesis. Intensificamos la catequesis, la formación en la fe. Tenemos esos instrumentos maravillosos como el catecismo.
Los animo para que en este campo no nos limitemos solamente a lo que son clases, cursos de Biblia, homilías, ¡es muy importante!; pero también medios de comunicación, radio, televisión, Internet, foros, seminarios; todo lo que permita llevar el mensaje de Cristo a millones de personas.
En estas escuelas parroquiales, quien tenga inquietud en la radio, en el deporte, en la cultura que forme ahí su lugar de encuentro con Cristo.
5. El que se enamora de Jesús, lleva la Buena Nueva con alegría y sin temor
Y la quinta afirmación, es muy sencilla: el que se enamora de Jesús siente la necesidad de ir a buscar a otros. Por eso, seguimos ese mandato de Cristo “Id, por todo el mundo” bien formados con una vida sacramental, con la palabra de Dios; con el rosario en la mano a todos los rincones, sin temor a qué dirán; sin temor a las reacciones; con la alegría de llevar la buena nueva sin cansancios, sin vanidades, ¡a todos!.
La misa dominical: prioridad en la vida de la Iglesia
Quiero pedirles nuevamente, el centro de afirmaciones es la misa dominical, hay que darle prioridad en todo lo que hagamos, en todo lo que enseñemos, hay que enseñarles ese modo de vivir cristiano donde nos encontramos en la misa dominical, para escuchar esa homilía, breve, viva, vibrante; para acercarnos al sacramento de la reconciliación; para encontrarnos la familia unida con el alimento de Cristo.
Y así iremos viendo como los papás, los hijos estarán presentando una pedagogía; el domingo, en la vida de la Iglesia siempre ha sido una luz que era como el sol; la semana entera ¡se orientaba al domingo!
Es necesario que también recordemos que ese domingo y ese Cristo en la Eucaristía, me dice: ‘estoy aquí, contigo’. De ese comer su cuerpo han brotado santos, familias maravillosas, han dejado huella santa Rosa de Lima, san Martín de Porres, y tantos santos que no están en los altares, pero que han dejado una huella profunda en nuestra vida.
Seamos testimonio de hombres que dejan huella descubriendo el milagro de la Eucaristía
La historia de nuestro país también se puede escribir con la historia de hombres y mujeres, ricos y pobres, jóvenes y ancianos, de todos los colores, de todas las situaciones que hicieron de su vida un encuentro con Cristo y ¡dejaron huella!, de hospitales, escuelas, de miles y miles de bautizos, de santa misa, miles y miles de santuarios, imágenes de nuestra madre, cruces en todos los rincones, miles y miles de horas de misioneros subiendo y bajando por la selva, sierra y costa; y nos preguntamos ¿Porqué hoy ¡No!? ¿Porqué nos falta esa vitalidad? Por un solo tema, porque a veces nos falta ese enamorarse de Cristo. ¡No nos acabamos de convencer que he comido su cuerpo, que está en mí; que es Él quien habla, el que camina, el que perdona, el que cambia! ¡No soy yo! ¡Convéncete, mientras quieras hacerlo tú, no puedo hacer nada.
Esta historia, hermanos, se repite, por eso te digo que en el domingo, en la Eucaristía, si de verdad se produce esa experiencia, no hay cansancio, no hay imposibles, la Gran Misión será una maravilla porque Jesús mismo la quiere hacer contigo; y a través tuyo te pide prestado tu tiempo, tu trabajo y tu familia.
Llamado a los sacerdotes y religiosos
A los sacerdotes, religiosos, religiosas nos toca un papel muy importante, porque la vida en la Iglesia es sacramental, los animo a tener una sólida estructura espiritual; si hay esa estructura interior en la que Cristo vive, en el que frecuentamos la oración, nada ni nadie nos detiene. Nuestra vida debe ser como la de Jesús, vida de oración, buscando el rostro y la voluntad de Dios.
Llamado a los laicos
Y la inmensa mayoría de esta Misión la harán ustedes, fieles laicos, son Iglesia, porque son bautizados, son asamblea convocada por Cristo para llevar su testimonio al mundo entero. Todos los bautizados deben sentirse corresponsables en la edificación de la sociedad, con entusiasmo, con audacia siempre en comunión con sus pastores.
Llamado a los jóvenes
A los jóvenes, -nos dice la estadística- que no solo el Perú, sino Lima, tiene una población joven. Por lo tanto, el hombre y la mujer joven no tiene miedo al sacrificio; a lo que tiene miedo es a que su vida no tenga rumbo, ¡eso le da pánico!, pero el sacrificio de lanzarse a la misión, el ir a ayudar al que no tiene, el colaborar ¡le apasiona a la gente joven! Casi diría que exigen participar.
Por eso, a los jóvenes tan sensibles a la llamada de Cristo los invito a seguirlo. La vocación es muy variada, el Señor llama al sacerdocio, a la vida religiosa y a la gran mayoría lo llama al camino del matrimonio; pero en todos esos campos ¡a la santidad!
El cardenal unido al pueblo de Dios caminan juntos en la Gran Misión
Queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, miembros y animadores de movimientos, hermandades; el cardenal los acompaña en esta actividad maravillosa de la Gran Misión de Lima, desea que estén llenos de alegría y de esperanza; y sobre todo reza por cada uno de ustedes.
Que santo Toribio de Mogrovejo interceda por nosotros para ser auténticos discípulos y misioneros. Que san Juan Bautista, cuya solemnidad celebramos nos colme de esa alegría ‘saltó en el vientre de santa Isabel cuando María se acerca llevando a Jesús en su vientre’; esa alegría es señal del discípulo misionero. Que María, Estrella de la nueva evangelización nos guíe en este empeño humilde para que tengamos esa constancia. Hermanos, que Dios los bendiga, les agradezco mucho, que desde tantos rincones, a estas horas de un día de trabajo, estemos aquí en la Catedral de Lima para celebrar este primer momento de la Gran Misión, este esfuerzo de las Escuelas Vicariales que está terminando para lanzarnos a la etapa de las escuelas parroquiales. Que Dios los bendiga.
Así sea.