“Nuestra identidad está unida al amor a Santa Rosa y a los santos”

sábado, 3 septiembre 2016

Diálogo de Fe
Sábado 3 de setiembre de 2016

Miguel Humberto Aguirre: Muy buenos días. Es el encuentro a esta hora todos los días sábados con el Cardenal del Perú, Juan Luis Cipriani. Esta semana con una actividad muy activa en torno a Santa Rosa de Lima. Cardenal, muy bienvenido.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Muy buenos días Miguel Humberto, gracias por estar aquí. La verdad esta semana han habido momentos de enorme alegría y de una enorme reflexión. Cuando uno se supone que tiene una fe fuerte…

Miguel Humberto Aguirre: Dicen que en el Santuario lo visitaron por lo menos 25 mil personas a 30 mil personas.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Sí, por lo menos, porque yo estuve ahí a las 5 que celebré la misa, saldría a las 6:30 y las colas seguían infinitas, venían desde Rímac, daban la vuelta varias veces y se iban casi hasta la Plaza Dos de Mayo. Hay algo ahí que a uno le hace pensar, cómo uno tiene la responsabilidad de una tradición de la misma santa. La santa se quedó con nosotros y sigue haciendo esos actos de cariño y de misericordia; y la gente lo siente y por eso va. Creo que ha sido –como decía yo en la Plaza de armas- como un plebiscito de fe. Yo hablaba el otro día con un sacerdote que viene de Roma y me decía: “He podido estar en la misa y he visitado el santuario. Ustedes tienen algo que ya no existe en otros países, este pueblo que se mueve con esa fe y con esa confianza, yo no le he visto en otros lugares”. Me dio mucha alegría saber que nuestro pueblo mantiene esa fe viva. Y lo mantiene por regalo de Dios que nos ha dado a esta santa maravillosa, porque la verdad Santa Rosa se puede resumir en tres palabras: la oración, la misericordia y el sacrificio, son como los tres grandes pilares de esta mujer.

Miguel Humberto Aguirre: ¿Usted pensó que se iba a juntar tanta gente?, porque la verdad que la Plaza de Armas estaba repleta.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Ha sido este año más que nunca. Es verdad que estamos iniciando el año jubilar por los 400 años de su muerte. Pero pese a todo y a una mañana muy fría con llovizna, hubo una multitud y una devoción muy grande, que como digo, me parece que es una cosa de nuestro pueblo.

Miguel Humberto Aguirre: ¿Qué busca la gente? ¿Qué busca el pueblo?

Cardenal Juan Luis Cipriani: Lo que veo es que siente que ella se interesa por sus problemas. Va una mujer diciendo “Ella me va a escuchar”. Esa como confianza que la santa se preocupa por ella, por su familia o por sus hijos, por lo que van a pedir. Tienen la confianza de ser escuchados. Esto en lo humano nos pasa a todos. Creo que la gran lección de esta santidad y de la fe es saber que Dios me escucha, saber que a Él le interesan mis cosas, esto es muy importante para mi vida, para la tuya y para la de todos. Saber que no es un ejercicio teórico, sino que Él tiene interés en lo mío. A través de la santa, me recomienda a Santa Rosa para que Jesús me escuche. Yo lo veo así y de alguna manera aprendo en la fe y creo que para todos nosotros es igual.

Lo decía el otro día el presidente Kuczynski, que él recordaba en el ochenta y tantos, en el primer gobierno de Belaúnde que él hizo como la promesa, el compromiso: “Yo quiero hacer un homenaje a Santa Rosa” y que lo había cumplido el otro día. Son 30 o 40 años de memoria de un evento religioso. Pero también hay que decirlo, la gente sencilla, las gente más humilde, pobre, no tiene mucha escucha de nadie, entonces saber que frente a la santa tiene la misma dignidad y prioridad que cualquiera, esto le da una estima personal, le da un “Yo valgo tanto como los demás”. En Dios no hay clases, en Dios no hay grupos, en Dios no hay razas. Hay una sola raza, los hijos de Dios, somos todos iguales delante de Dios. Por lo menos en esas inmensas colas y en esos papeles que se llenan para echar en el pozo, todos se sienten con una dignidad que los anima y los fortalece. La fe no aplana, la fe no adormece, la fe despierta. En ese sentido, yo recordaba a esa multitud en la Plaza como nuestro pueblo y nuestra identidad está muy unida a ese amor a Santa Rosa de Lima y a otros santos.

Miguel Humberto Aguirre: Permítame que lo interrumpa, pero ella ya dejó ser solo de nosotros. Yo he leído el diario del Vaticano y había redacciones de muchas partes del mundo que estuvieron conglomerados en torno al nombre y al día de Santa Rosa de Lima. Ya no es solo del Perú.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Es una marca peruana, por decirlo de una manera que me entiendan. En muchísimos países, hay parroquias que se llaman Santa Rosa de Lima, hay diócesis que se llaman Santa Rosa de Lima. Hay gente en Filipinas, en Italia, en España, a quienes les preguntan ¿a quién le tienes más devoción? A Santa Rosa de Lima. Es una exportación de santidad que nos llena de un orgullo sano. Efectivamente me pongo a pensar, yo soy Arzobispo de Lima, sucesor de Santo Toribio de Mogrovejo y he recibido a mis espaldas a millones y millones de hombres y mujeres que me antecedieron y que dieron su vida, su familia y su trabajo por ese amor y esa fe. A mí me toca en este tiempo conducir ese amor y esa fe para que sigan cerca de Cristo. Y puedo decirlo con toda sinceridad, también tengo un amigo chileno que también estuvo por aquí y me decía “Ustedes cómo hacen, porque en Chile no es así”. Ellos tienen la Virgen del Carmen por supuesto, pero santos no. Dios quiso bendecir esta tierra y creo que sigue habiendo una respuesta maravillosa.

Miguel Humberto Aguirre: Y por coincidencia a mí me tocó estar en Santo Domingo por un encuentro de sacerdotes dominicos. Hay tres santos y los tres están ahí.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Así es. Es que los dominicos son los primeros junto con jesuitas, agustinos, franciscanos, mercedarios. Son los primeros que vienen al Perú cuando recién llega la Corona de España. Ellos traen esa fe y prende como más rápido esa prédica dominica y en esa prédica franciscana. Son esos grandes hábitos que en el Perú están unidos al paisaje. Un franciscano de marrón con su cordón blanco, o los dominicos de blanco y negro. Son elementos que están en el paisaje de las zonas más pobres, misioneras, en los Andes, en la Costa. Lógicamente, hay 3 de ellos, dominicos, relacionados a esa espiritualidad. Y qué era la espiritualidad dominica, fundamentalmente la catequesis de Santo Domingo; y la misión, salir a todos los pueblos; y preocuparse por la gente más humilde. Son como elementos muy sencillos.

Miguel Humberto Aguirre: Creo que aquí le vamos a poner punto final a esta dama. En la segunda parte vayamos a otra dama que desde mañana será santa.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Dos mujeres extraordinarias.


Miguel Humberto Aguirre: Estamos junto al Cardenal del Perú. Hablábamos de Santa Rosa, pero vamos a cambiar de tema. Mañana es un día muy importante para el mundo y para la gente que la conoció, que la ha visto recorrer el mundo, en cada desgracia que había ella estaba arrodillada en primera línea. Mañana para el mundo católico es muy importante y para el mundo en general.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Mañana se canoniza a la Madre Teresa de Calcuta, que tiene aquí un “Hogar de la Paz”. Fue una mujer pequeña de estatura física, pero gigante del amor, de la ternura, como tanta gente que no conocemos. Creo que ella tiene esa sencillez, humildad. Cuando le estaban dando el Premio Nobel, ella estaba con un rosario en la mano rezando. Decía: “Asisto con todo respeto a esta reunión tan publicitada en la televisión, pero mi Premio Nobel es Jesús, y no puedo separarme de Él ni de María”. Discretamente en su mano tenía un rosario, mientras escuchaba los halagos. No era una pose, era consciente que el Premio Nobel se lo estaban entregando a Jesús, porque ella era un reflejo del amor de Jesús. Lo que veo y quisiera compartirlo con ustedes es que hay como un camino que parece que está cercano pero está muy lejano: El camino de amor a Jesús, lleno de misericordia, de ternura, de darle la mano al pobre, de buscar al que nadie quiere, de recoger al niño de la calle. Ese amor cómo se alimenta, por qué no te cansas, por qué no te desanimas, por qué no dices “Ya no puedo”; porque está Jesús con cada uno de nosotros. Y Jesús no se cansa ni nada. Hay otro amor que aparentemente hace lo mismo, se organiza en grupos, se publicita, un plan social, se hace un desarrollo de actividades de caridad; pero pasa un año o 14 y se apaga, no se mantiene ese fuego. La Madre Teresa también nos quiere decir que “hoy la raíz de los males que nos aqueja está en la falta de oración, el medio principal y más efectivo para renovar la sociedad es la oración. Yo sitúo la oración en primer lugar, la oración es mi primer alimento”. Y si tú conoces a sus hijas, si has podido visitarlas, ellas tienen en medio de ese inmenso trabajo con esos niños que los han dejado en las calles, con esa gente que está mal neurológicamente, con esos ancianos, un día jueves lo dedican a la oración. Yo he ido muchos jueves a darles un momento de plática y yo les digo cómo hacen con este ruido abajo.

Miguel Humberto Aguirre: Pero dicen que ella escogió ese lugar porque se parecía mucho a Calcuta.

Cardenal Juan Luis Cipriani: En esa esquina de Aviación pues vio tal desorden y tal pobreza y tal abandono, que dijo “Esto es como yo he visto en Calcuta, aquí vamos a hacerlo”. Había una casa abandonada que es donde instalaron esa casa de la caridad. Pero esos jueves ellas están delante del Santísimo en el suelo, no se sientan en sillas ni en bancas. Así están delante de Jesús. Uno se pone a pensar: Seremos capaces de entender la fuerza de la oración, seremos capaces de perseverar no solamente lo que yo pido y digo a Jesús, sino lo que Él me dice a mí. Qué importante. Si alguien pudiera decir “Escribe lo que Jesús te ha dicho a ti”, diría “No sé”. Escribe lo que tú le has dicho a Jesús, haríamos un libro. “Necesito, mi hermana, mi trabajo, mi hija”. Y Jesús te dice: “Aquí están sus respuestas. He dicho que tengas paciencia, que vayas a visitar, te he dicho que tengas buen humor”. Te ha respondido.

La Madre Teresa, muy lejana a toda acción política y de todo proyecto social, hizo una revolución de amor que como dice ella: “Te doy el secreto: Salía de mi amor a Jesús”.

Miguel Humberto Aguirre: La falta de amor es la mayor pobreza, es una de sus frases.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Yo tengo mucho amor, por decirlo así, a esta mujer porque brilla con una luz realmente increíble. No tiene barreras. Cuando le decían “No sabemos qué hacer con estos niños”. “Dénmelos”. Cuando le decían “Hay una familia a unas cuadras de aquí que no tienen nada qué comer”, paraba “¿Es verdad? Vamos” Lo que ella tenía lo compartía. Esa mujer tenía esa acción inmediata para remediar la soledad, que era lo que más le preocupaba, que nadie muera con indiferencia. Cuánta gente murió cogida de su mano. El calor que sintió los hizo sonreír. Decía ella: “Esa sonrisa vale más que la comida, la medicina. Estaba sola y ha muerto acompañada”.

Esto, en este año de la misericordia, en este año en que tantas veces nos cuestionamos qué pasa, ¿por qué esta situación a veces de confusión, de enfrentamientos?, ¿por qué la familia está tan golpeada?, ¿por qué la juventud y la niñez están siendo objeto de un maltrato muy constante? ¿Qué está pasando? Pienso que no es tanto una estrategia como un cambio de corazón, es mucho más barato pero mucho más difícil, porque hay que querer.

Por ejemplo, un tema que para ella era muy cercano a su corazón. Ella no hacía campaña pero decía: “El aborto está matando la paz en el mundo, es el peor enemigo de la paz. Si una madre es capaz de destruir a su propio hijo, qué me impide matarte”. Era muy tierna, pero frente a la vida era muy clara, porque el romper tu propio corazón, romper esa delicadeza; por eso se desesperaba con cualquier niño que estuviera en la calle o un enfermo que estuviera solo. La vida es un regalo tan grande que Dios nos ha dado, es el tesoro que tiene hoy la humanidad, que tenemos que cuidarlo. Solamente se puede cuidar la vida con la vida, no con una idea ni una prédica. Decía: “A todos los jóvenes les digo: Ustedes son el futuro de la vida familiar, son el futuro de la alegría de amar, mantengan la pureza, mantengan ese corazón, ese amor, para que un día cuando se casen puedan entregarse el uno al otro, la alegría de un amor puro”. Creo que hoy también nos viene bien, jóvenes, sí hay futuro, pero no vayan detrás de cualquier cosa que brilla.

Miguel Humberto Aguirre: No prives a nadie de la esperanza, dijo ella una vez. “Puede ser lo único –dijo ella- que una persona puede tener”.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Y la pregunta es ¿No será esa la gran pobreza de hoy: la falta de esperanza?

Miguel Humberto Aguirre: Ella siempre usaba la palabra amor. “Ama hasta que duela”, dijo una vez.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Todo esto lo veo como unas frases, el asunto es ponerle contenido, ella le puso contenido. Eso es lo que le dio a ella esta fuerza, entregó su vida y la entregó hasta que duela.

Por ejemplo lo cuenta el cardenal de Nueva York en su época, las trajo a trabajar a Nueva York y el cardenal estaba muy preocupado: “¿De qué van a vivir?” “De la Providencia de Dios” “No, madre, pero nosotros tenemos que darle algún tipo de ayuda, vamos a asegurarnos que no falte nada”. Y dice la madre: “Señor Cardenal, usted cree que el amor de Dios va a quebrar en Nueva York, usted no cree que Dios tiene suficientes recursos, dejémoslo a Su Providencia”. Creo que todos tenemos que abandonar nuestras preocupaciones. Señor, ¿acaso no tienes todos los recursos?

Miguel Humberto Aguirre: Y cuando vino aquí vivió en la zona de La Victoria.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Lo que veo es que esta realidad que mañana el Papa va a canonizar en Roma. Efectivamente, va a haber una multitud de gente, van a hablar maravillas de la madre, que se le ve en esas imágenes siempre pequeña, mirando casi al suelo, siempre con un rosario y si veía un niño alargaba la mano para cogerlo. Había una sintonía muy grande. También es una respuesta muy bonita para ver la grandeza, la fuerza, la ilusión, el atrevimiento, de esta mujer sencilla, pequeña, que entregó todo y ha dejado una luz maravillosa. Que ella ilumine todos los hogares, especialmente a los niños, a las mujeres y a las madres. Mañana tendremos una Misa en la Catedral con las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta que vendrán con todos sus voluntarios y colaboradores. Acompañando desde aquí al Papa Francisco que quiere coronar este Año de la Misericordia con esta canonización.

Estas son las alegrías buenas. Gracias y una bendición para que en sus hogares esta santa, que mañana canonizarán, calme sus dificultades, le dé esa fuerza a la mujer y brille el amor al prójimo, el dar hasta la vida, por ayudar a los demás.

¿Necesitas ayuda? Haz clic aquí para iniciar el tour