Homilía en VI Domingo de Pascua

domingo, 6 mayo 2018

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Misa por VI Domingo de Pascua
Domingo 6 de mayo de 2018
Basílica Catedral de Lima

Muy queridos hermanos en Cristo Jesús, el domingo día que dedicamos todos a Jesús, a Dios, hemos venido para escuchar a Dios, hemos venido para encontrarnos con Dios. Y la palabra que Dios hoy nos quiere comunicar en estas lecturas que hemos escuchado.

En primer lugar, vemos como Pedro reclama: “Yo soy un hombre como tú”. Dios no hace distinciones, acepta al que le teme, y al que practica la justicia. Lo primero que Dios me está diciendo es que delante de Él todos somos iguales, por lo tanto, si espero algo de Él, o si pienso algo de Él, no tengas esa idea equivocada de que yo merezco que me escuche porque soy mejor, no merezco que me escuche porque soy peor; Pedro reclama: Yo soy un hombre como tú, esto es muy importante.

Nuestra religión, la que Dios nos ha revelado, nos pone a todos delante de ese Dios poderoso que es nuestro Padre en igualdad de condiciones, no vale más uno por su dinero, por su poder, porque cree que es mejor, somos iguales delante Dios, a todos nos quiere, nos escucha, y a todos nos enseña. La diferencia lo hacemos cada uno, tus obras, ya si te quieres ir, por un lado, por el otro, ya si quieres complicar la vida, ya Dios te dice: Eres tú el que hace la diferencia, no yo. Y por eso cuando está Pedro hablando con estas personas, de pronto cayó el Espíritu Santo sobre todos los que estaban escuchando la palabra. Dios toma una decisión que sorprende a Pedro y a todos, manda el Espíritu Santo, se manifiesta por igual a todos, jóvenes, chicos, solteros, casados, pobres, ricos, enfermos, de toda condición y de toda clase, Dios se manifiesta ¿Cómo se manifiesta? con esa luz que te hace pensar, con esa fuerza en la voluntad que te hace actuar, con ese amor que te lleva a perdonar, con ese deseo de hacer el bien, se manifiesta el Espíritu Santo a todos por igual.

Vale la pena meditar estas palabras de los Hechos Apóstoles, que hoy nos está diciendo. Soy un hombre como tui, Dios no hace diferencias y por eso envía al Espíritu santo sobre todos. Y una vez que tenemos todo muy claro, no hay distinciones. Entonces leemos en la Carta del Apóstol San Juan, en el que San Juan nos explica: Ese amor que Dios no tiene a todos por igual, dice, no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó, Él envió a su Hijo, ya no solo al Espíritu Santo, a su Hijo Jesucristo lo envió como víctima, lo envió para sufrir, para morir, para perdonar nuestros pecados, pues se van acumulando esas muestras de amor. Ya no solo me trata igual que a todos, me ilumina igual que todos, me envía a su Hijo Jesucristo.

Y vuelve a repetirlo el apóstol San Juan: No es que tu tengas un mérito y lo amas, Él te ha amado, ahí empieza la historia de tu vida, ¿cuántas veces hemos escuchado, pero no acabamos de entender tanto amor? Él me ama, Él ha tomado la iniciativa, Él me conoce, Él me quiere, Él me perdona, Él me comprende, la diferencia está cómo respondes, si quiero lo rechazo, si quiero lo engaño, si quiero me hago el dormido, no pongo interés, pero Dios siempre el primero buscándote siempre, aunque estés en tu peor momento dile a Jesús en ti confió, aunque te parezca muy duro, muy difícil, pero si es Él, solo te pido ten fe, cree, y dile desde mi pecado, desde mi dolor, desde mi soledad, desde mi preocupación, confió en ti, creo en ti, espero en ti, te amo. ¿Solo de palabra? Empieza por la palabra y verás cómo Él respondiendo a tu palabra te va dando ese Espíritu Santo que te anima, que te acompaña, te perdona y por eso es Dios quien elige, Dios te elige y te dice: Tu eres mío. Dios te da los medios, te da una familia, te da una fe, te da unos amigos, te da unos sacramentos y te da el Espíritu Santo, recíbelo, date cuenta, recíbelo.

Y nos dice, todo esto que está hasta hora explicándonos, tiene una sola palabra, Dios es amor, todo lo ha hecho. ¿por qué te ha buscado? Porque te ama ¿por qué envió al Espíritu Santo? Porque te ama ¿por qué vino Jesús? Porque te ama ¿por qué me ha elegido? Porque te ama y ama a todos por igual pero ahora hay que decir la verdad completa, desde el primer momento apareció el diablo y también en mi vida, y también en la tuya en la que te dice: a ti no te ama, tú no puedes, él está equivocado, o como dijo Adán y Eva: ¿por qué va ser mi Dios, yo soy igual que Él?

Y entonces encontramos a tanta gente que rechaza el amor de Dios, la amistad de Dios, le dice a Dios no quiero. Si no les cuento esto, los engaño, hay gente que escucha la llamada, conoce la llamada, tiene una familia, tiene unos amigos, es Dios que lo está buscando, y el diablo se ha metido en el alma y dice: no quiero, no molestes, no me da la gana de obedecerte, discuto contigo, te rechazo, te insulto, hermanos hay que decir que es así, ese demonio actúa en mis amigos, en mis amigos, en este, en el otro, en este sacerdote, en este anciano, el demonio actúa, Dios no quiere hacer daño a nadie nunca, Dios no quiere la muerte, Dios no quiere ni la violencia, ni la mentira, Dios no quiere el aborto, Dios no quiere que fracasen los matrimonios, Dios no quiere que los hombres se peleen entre ellos, ¡no!. Eso es acción del demonio y de nosotros que aceptamos, es muy duro, es la verdad.

Por eso nuestra visión en el mundo como lo dice el evangelio de San Juan: No somos nosotros lo que te hemos elegido, eres tu Dios, quien me ha elegido, que me ha destinado, para que vaya, para que dé fruto, para que el fruto dure, tengo como misión amar a todos, buscar el bien, buscar la verdad, amar la vida, ayudar a quienes me rodean, comprender a todos, enseñar, aprender, perdonar, esa es la tarea que Dios nos ha dado, no es fácil, nos encontramos con el demonio en el camino pero la luz de Dios ilumina la oscuridad, no hay problema. ¿a veces caes? Sí, no te desanimes, levántate otra vez, dale gracias a Dios porque te dio la vida, y como dice el evangelio, les he contado todo esto para que mi alegría este en ustedes, este es mi mandamiento que se amen unos a otros como yo los he amado.

Que vivamos la alegría de saber que somos como los demás pero que Dios nos ama, el privilegio es de Él, me porque quiere a todos por igual, no hay injusticia, no hay privilegio, no hay intolerancia, palabra tan conocida en estos tiempos. Dios nos ama a todos por igual, pero nos ama y nos deja un mensaje, una enseñanza, una verdad, y en la medida que obedecemos ese amor llega a la plenitud. Vamos a pedirle a Nuestra Madre, que tengamos fe, como tu madre mía, cree y veras maravillas en tu vida, cree y la oscuridad será la luz. Así sea.

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