Homilía en Fiesta de María Auxiliadora

jueves, 24 mayo 2018

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Solemnidad de María Auxiliadora
Jueves 24 de mayo de 2018
Basílica de María Auxiliadora

Muy queridos hermanos en Cristo Jesús,
En esta Solemnidad de María Auxiliadora quiero saludar al padre Humberto Chávez, SDB, vicario inspectorial; al padre Santo Dal Ben, SDB, párroco de este Santuario; al secretario de la Nunciatura, Monseñor Gregorio; a los regidores de la Municipalidad; a los hermanos y hermanas; a todos.

Hoy, como cada año, venimos a esta casa de María. Nos dice el Apocalipsis que apareció una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Por eso venimos todos, madre nuestra, María Auxiliadora, venimos todos con ese canto, con flores. Te traemos nuestras flores del corazón, de la familia; y también las flores del dolor. Venimos con flores a María, así hemos cantado desde niños y cantaremos siempre. Por eso, aquella mujer, esta imagen preciosa de María Auxiliadora, nos contempla con mucho cariño. Es el momento de hablar con ella, de meditar junto a ella, es muy buena. Siempre está de nuestro lado. Y también nos dice el Apocalipsis que apareció el diablo y que se libró una gran batalla, pero que al final de la batalla triunfó María. No hay motivos para no estar contentos, para no llenarnos de esperanza; siempre que vamos a ella. Ella no pierde batallas nunca. Aquello que te preocupa, aquello que necesitas en la familia, en el alma, tal vez estás un poco confundido o pasas por una crisis, Venid y vamos todos con flores a María, ella te recibirá, te llevará a su hijo, te llenará de esperanza.

Hermanos, “la Virgen –decía el Papa San Juan Pablo II- quiere que la veneremos bajo el título de María Auxiliadora”. Ella quiere. Por eso, cuando nos reunimos aquí cada año; y les repito porque así lo siento, estoy en la casa de María, estamos reunidos los hijos de Dios y los hijos de María. Y la madre cuando ve a sus hijos reunidos, goza, ayuda, me atrevería a decirte, hace rebajas. Es el momento de poner a sus pies este pecado, esta debilidad; es el momento, es la fiesta, es el gozo, cuando la madre insiste, como cuando hizo en las Bodas de Canáa. Va María de parte tuya a su hijo, “Acuérdate Viene fulanito, fulanita, que te está pidiendo esto”. Él dijo “No es mi tiempo”. Los tiempos de Jesús los pone María. Sí fue su tiempo, escuchó a su madre e hizo el milagro. Ahora también le pedimos a Jesús: Me falta esa fe, que a veces tengo esa falta de claridad, o esa ilusión, o a veces estoy un poco débil en mi vocación, en mi entrega. Y el Señor te dirá para que insistas “No es mi tiempo”. Y tú mirarás a María: Madre, dice que no es su tiempo. Y qué te va a decir: “Anda, te va a escuchar”. Esto es cada día, hermanos.

Y por eso, el Papa Juan Pablo II decía: “Los tiempos que corren son tan tristes que tenemos justamente necesidad de que la Virgen Santísima nos ayude a conservar y defender la fe cristiana”. Toda esta alegría y esta confianza no pueden tapar la realidad, son momentos tristes en que tantas veces vemos cómo se descuida el amor a la Iglesia, cómo aparecen tantas oscuridades. Pero nos dice el Papa: Por eso más que nunca acudo a ti, Madre Mía, porque tú María Auxiliadora marcas el tiempo de la Iglesia. Porque María es modelo de la Iglesia; es gracia plena, testimonio de fe, maternidad, salvación de las almas. María da esa luz a la Iglesia. Y te pregunto y me pregunto No estará esperando Jesús que en este pueblo de Dios surja nuevamente ese coro de amor a María en el rezo del Rosario, en la consagración a ella, en acudir a ella. No estará diciendo Jesús a este pueblo de Dios Mi madre tiene la llave, mi madre tiene la respuesta, acudan. Y todos ustedes, muchos antiguos alumnos Salesianos o de María Auxiliadora, todos de este Santuario, todos ustedes saben esa música de María. Tenemos que despertar muchas almas en ese tema tan sencillo. Madre mía, que volvamos nuestra mirada hacia ti, consuelo nuestro, auxilio nuestro, consoladora de los afligidos, ten piedad de nosotros, que se nos apaga el mundo. Acude a tu hijo, llévanos de la mano. Te lo digo con toda paz y serenidad. Pero como Pastor de la Iglesia No estará nuestra madre un poco tristona diciendo Estos hijos, basta que me miren, basta que me digan algo; y en un instante haré estos milagros en todas las almas, surgirá la luz, la paz, las vocaciones, la alegría.

María, sé esa luz de Cristo en mi corazón. Especialmente qué te pido, María. La educación en la fe. Don Bosco fue ese intérprete, cuando él veía en sus tiempos, veía la crisis de esa juventud, de esa niñez. Y por eso, inmediatamente siguiendo el llamado de María, interpretó lo que te digo ahora: Vamos a María, vamos a ese método de ir a la juventud, de enseñarle, para que luche bien, desde pronto, desde joven. De esa manera, esos jóvenes, esa educación, marcó una huella en la historia, hasta hoy. Tenemos fe. Es cuestión de fe. Pídele a Don Bosco, dame esa fe, que yo crea; no es cuestión tuya ni mía, es de Jesús. Cuántas ganas tiene Jesús de decir “Basta”; de recuperar la paz, recuperar las familias, recuperar las vocaciones, qué ilusión. Y siempre que ha sido necesario ha enviado a su Madre. No será ahora de este tiempo. Te lo pregunto para que en tu alma, en tu familia, en tu comunidad, en tu colegio, en tu trabajo, en la sociedad, pongas a María.

Hoy la fe está sometida a una dura prueba, no nos engañemos, los valores cristianos están en una gran crisis, la familia, el matrimonio, la vida, tantas veces la juventud. Cuando nos falta esa fe para acudir a la fuente del amor, la gracia, el bautismo, la confesión. Cuando esto es real, mi madre, mi padre, me dice Yo puedo, yo quiero, ven a mí. Por eso, nos encomendamos a ella y le decimos con tanto amor Muéstrate como madre. No sé si lo merecemos, tal vez no, pero tú sabes que una madre nunca se olvida de un hijo. Muéstrate como madre, especialmente a los jóvenes, a la educación en la fe, a los sacerdotes, a los religiosos, a los obispos, al Papa. Muéstrate como madre, protege y guía a tu Iglesia.

Solo una palabra para felicitar al padre Santo y a todos los que han colaborado. Qué bonita está la casa de María, qué contenta está María en este Santuario suyo. Gracias. Que Dios los bendiga.

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