Homilía en Misa por la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

sábado, 9 junio 2018

Padre Elías, Padre Roger, Padre Piero, todos los sacerdotes que están concelebrando, hermanas religiosas, Hermanos y Hermanas que harán hoy votos temporales, queridos hermanos todos en Cristo Jesús es una fiesta muy bonita del Sagrado Corazón de Jesús.

Pienso que es un momento como para que cada uno abra su corazón al Corazón de Jesús y yo les poropongo que en esta fiesta tan bonita del Corazón hagamos un diálogo sincero, ese Corazón de Jesús que es puro amor y puro dolor.

Jesús quiere enseñar todos los días “yo soy el amor por el dolor, yo soy el dolor por el amor, tu vida y la mía tendrán siempre esa cara del amor y del dolor” vienen juntas y justamente hoy en estos tiempos en que se huye del dolor, del sacrificio, nos quedamos sin amor, sin esperanza, por eso me parece que es un momento de renovar delante del Sagrado Corazón de Jesús nuestra lealtad. Son tiempos de gran deslealtad, que la gente abandona su promesa de fidelidad, son momentos donde vemos tanta confusión, pero no es para estar tristes ni pesimistas, sino para tener la valentía, deben ser tiempos de lucha, al que está paseando se lo lleva el viento, tienen que saber que son tiempos de lucha.

Y por eso la lealtad, algo que el Corazón de Jesús sabrá apreciar. Lealtad en primer lugar con la Iglesia, la Iglesia es divina pero está formada por seres humanos como nosotros, débiles, frágiles, pecadores, pero la Iglesia no es pecadora, es siempre pura, siempre es el cuerpo de Cristo, es excelsa, maravillosa. Nosotros pedimos perdón a Dios por los pecados, la Iglesia no es pecadora, es santa. Recuérdalo bien el que yo te dé un tesoro y tú puedes botarlo puedes perderlo, venderlo o guardarlo con mucho amor; la iglesia es ese tesoro que pienso que hoy día podemos hacer ese depósito voy a ser más leal. El Corazón de Jesús nos pide amar a su Iglesia entregando nuestra juventud, madurez, vejez, para servirla, cada uno y cada una esa pequeñísima gota de agua del océano es fundamental. En tu casa, esa fidelidad a tu esposa, marido, hijo, nietos, esa sonrisa o ese dolor bien llevado eso es lo que hace la iglesia.

Aquí en este Templo vemos con gran alegría cómo se cuida la dignidad de la liturgia, cómo se procura adorar a ese Dios y darle lo mejor que tenemos, son modos prácticos de entregarle todo al Señor.

Pienso que el Corazón de Jesús hoy sufre mucho porque ve mucha falta de seguimiento a sus enseñanzas y ve cómo mucha gente va alejándose de Dios. Ese corazón es de padre como cuando ve que un hijo a quien le hemos dado todo de pronto se va, tiene una idea y se va, o ese hogar que era una maravilla y de pronto se quiebra; son cosas que hoy hacen sufrir mucho al Corazón de Jesús. Les digo estas cosas para que sepan que lo que te duele a ti en tu hogar, trabajos, hijos, también me duele a mí y a toda la Iglesia; y en la medida que acompañamos a Jesús en ese dolor somos buenos hijos. No queremos disimularlo, queremos reconocerlo para estar más cerca de él, consolarlo y procurar no darle mayores disgustos.

Por eso seremos fieles, lo ayudaremos si rezamos más, hay que rezar más y rezar bien aunque sea una palabra pero dicha de verdad, esa fe es un regalo de Dios, un don gratuito, es una fe que hoy todos los días se cuestiona cuando voy por la calle, cuando escucho noticias, me pregunto, ¿tengo fe? Porque si no caigo en ese comentario negativo que no sirve para nada, si tengo fe hago un acto de amor: “Señor te quiero, perdóname, no me dejes solo” y verás cómo ese pequeño acto de amor, de arrepentimiento, esa promesa, el Señor la convierte en obras; la fe, hermanos, fe y nos damos cuenta cómo ese Sagrado Corazón de Jesús está absolutamente unido a la cruz y ahí está lo que pone el sello a tu vida, ¿estás dispuesto a morir al pecado, al carácter, capricho?, ¿quieres ir por ese camino o te da miedo? De entrega, siempre con debilidad pero con ese propósito de ser santo y el Señor te dirá aquí está mi cruz ayúdame. La cruz está en ese problemita de la casa, enfermedad, en esa duda, temor de los jóvenes, podré, no podré? Es el Señor, el Señor no falla, no dudemos de ese amor, pero no tengas temor, él te demuestra todos los días cómo te quiere uniéndote a su cruz, que no te parezca extraño, acostúmbrate a buscar esa cruz en los pequeños esfuerzos de cada día.

Una de las cruces, de las más habituales en estos tiempos, es tu conciencia recta, no podemos decir que está bien lo que está mal, no podemos decir que está mal lo que está bien, no podemos acomodarnos a los tiempos, Jesús es el mismo ayer hoy y siempre, el mensaje de Cristo es el mismo, se puede empaquetar de diferente color pero lo que no podemos es traicionar el mensaje, está muy claro en los mandamientos, sacramentos, catecismo, ahí está todo.

Por eso los animo en esta fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y a ustedes que van a hacer sus votos temporales: entrega generosa, fidelidad, lealtad. Yo recuerdo unas palabras del fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá que decía una cosa muy sencilla: no olvides que si el Señor te manda una alegría es porque te quiere y si te manda una pena es para probar si lo quieres, piénsalo un poquito. Sino huyes, le das la espalda ante esa cruz.

Por eso clamar con fe y oración que él nos escucha siempre.

Pido al Corazón de Jesús que asista siempre a su Iglesia, pastores, sacerdotes, religiosos, de manera particular al Romano Pontífice Papa Francisco para que lo guie con la palabra de Dios, con el ejemplo de ser el Vicario de Cristo en la Iglesia

Estamos en vísperas de la fiesta del Inmaculado Corazón de María, madre mía, háblale a ella, tú sabes cómo late el corazón de tu hijo, tú sabes cuando tu hijo llora, sufre, siente que lo dejamos solo y también sabes de las alegría del hijo cuando siente que lo quieres y le ofreces, lo poco o mucho, por eso ella nos acoge y nos lleva siempre a su hijo. Ayúdanos madre mía especialmente a estos hijos, hijas que hoy hacen sus votos y a todos para que en estos minutos de lealtad una sola virtud bien importante la humildad, no somos mejores que nadie pero por eso no debemos dejar de enseñar la verdad y hacer el bien por obediencia a Cristo y su Iglesia.

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