Homilía en Segunda Salida del Señor de los Milagros

jueves, 18 octubre 2018

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Misa por la Segunda Salida del Señor de los Milagros
Exteriores de la Iglesia de las Nazarenas
Jueves 18 de octubre de 2018

 

Muy buenos días tengan todos. En esta Misa en la que el Señor de los Milagros sale a recorrer nuestras calles, recordamos estas palabras que acabamos de escuchar: “El pueblo estaba cansado y habló contra Dios”. Hermanos, cansados, extenuados, normalmente la vida nos exige, pero hablar contra Dios, echarle la culpa a Dios, que es nuestro Padre. No. Por eso hoy, que el Señor sale a las calles, sale para bendecir, para perdonar, para acompañar. Pero qué vemos en la procesión del Señor de los Milagros, vemos a Jesús en la cruz, vemos a Jesús sufriendo. Le preguntamos ¿Por qué sufres, Señor? Y me responde “Por tus pecados. Mi dolor es por amor. Sufro porque veo en tu casa, en tus hijos, veo y hay muchas necesidades, hay mucho dolor, hay enfermedad, pero no acuden a mí, yo soy el Señor de los Milagros y he querido visitar esta ciudad de Lima para llenarlos de paz, de gozo, de alegría”. Piénsalo un poco, estos días el Señor estará por las calles, pasa buscándote, perdonándote, en ese problema, en que no tienes trabajo, en que aquel hijo está fastidiando, en que aquella abuelita está enferma, en que tengo una dificultad. Ahí entra Jesús, pero tú tienes que abrirle la puerta, Él no entra sin tu permiso. Por eso, Señor, queremos abrirte el corazón de par en par, queremos que nos escuches, que nos comprendas, que note yo tu amor, Señor.

Estamos aquí reunidos como todos los años y siempre nos dice lo mismo: “Déjame entrar. Déjame entrar a tu casa, al hospital, a la cárcel, a la enfermedad, yo vengo para ayudar, vengo para perdonar”. Por eso, hablar mal de Dios es lo mismo que hablar mal de la Iglesia. Es algo que, como dice aquí en el Libro de los Números: “El Señor envió a su pueblo serpientes venenosas”. Y Moisés le dice: “Señor, ten piedad”. Y el Señor tiene piedad. Por eso, que nadie se desanime, todos renegamos, a veces estamos tristes o desanimados, pero el Señor lo puede todo. Dichosos los que viven en tu casa, Señor. Hoy, con el dolor que el Señor de los Milagros nos muestra en la cruz, nosotros celebramos la fiesta del perdón. Nuestra religión católica tiene a la cruz como un faro. Faro que guía. Ese faro es la cruz. Y en tu vida y en la mía tiene que haber ese faro, la cruz. No tenerle miedo al dolor de la verdad. Es la fiesta del amor, todo es amor al ver el rostro de Jesús. Y es la fiesta de la verdad. No podemos estar en la procesión, no podemos estar llenos de amor y luego en la casa, en el trabajo, en nuestra conducta no. Eso es, como dice el Papa, ser hipócritas. No podemos ser hipócritas. Hay que buscar la conversión. Jesús, entra a mi alma, límpiame, quítame ese dolor, escucha mi oración. Fiesta del perdón, de la oración, de la verdad.

Y hoy te pido, Señor, con especial confianza y urgencia, no permitas que el odio venza al amor. Nuestro Perú unido. También lo dice el himno al Señor de los Milagros. Unidos en el amor. Desterrar el odio. El odio destruye, el odio llena de violencia. Queremos paz y queremos un país unido en la familia, en el trabajo, en el colegio, en las calles. Hoy tenemos que pedirle al Señor ese milagro: Que el país camine por sendas de paz, de unidad y de comprensión, no de odio; todas las diferencias, pero odio no. No nos destruyamos unos a otros; comprende a tus hijos, ten paciencia con ellos, tráelos a que vengan al Señor.

Y esta salida del Señor de los Milagros la sigue el mundo entero, es un regalo que Dios hace. El Perú pasa a ser centro de la cristiandad. Hoy esta procesión la siguen y la replican en el mundo entero. Gracias, Señor, por este cariño especial al Perú y a Lima. Gracias porque esta Hermandad y todo este pueblo que generación en generación siempre te acompaña. Nunca te abandonaremos. Hagamos esa promesa seria. Nunca, Señor de los Milagros, tu pueblo limeño te abandonará. Nunca, Señor de los Milagros, el Perú te abandonará. Siempre la fe estará de tu lado, ayúdanos y protégenos.

Ahí se habla de corrupción. A mí me gusta más hablar del pecado. El pecado del robo, de la mentira. Pero la justicia es de Dios y Dios perdona. Es muy fácil que a los pecados les llamemos otras cosas. Son ofensas contra Él, clavos en la cruz, sangre que brota de su rostro por la mala conducta; pero no es motivo para el odio, es motivo para la conversión. Este es el gran mensaje que el Señor de los Milagros tiene. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Le pido al Señor con todo cariño: Une a la familia, protege a los matrimonios. Ese matrimonio que Tú has querido que sea un sacramento, en que el marido y la mujer, a veces con dificultades, pero siempre buscando la unidad, educar a los hijos. Cuida a la familia que es tan importante. No hay una familia democrática, perdonen que les diga. Hay una familia, tu familia, tú, tu esposa, tus hijos, tu abuela, tu tía, tus primos. Por favor, esa maravilla que todos recordamos y hacemos un elogio, bendita la madre que te trajo al mundo, Madre mía, Virgen María, San José, mamá, papá. Benditos sean nuestros padres que nos trajeron al mundo y nos educaron en la fe. Bendita sea esa familia tan necesaria.

Y cómo no recordar en esta ocasión con tanto cariño, hoy la Madre Soledad, la priora del Convento, años de años con nosotros, nos mira desde el cielo. Madre Soledad, te queremos todos desde aquí elevar un decirte gracias y elevar un aplauso muy grande por su trabajo maravilloso por años y años. Y a la madre María Rosa y a todas las madres del Convento, bendito monasterio que cuida con tanto cariño al Señor de los Milagros. Son tantas almas. También a la señora Larco, que tantos años desde ese balcón que está vacío nos acompañaba. A todos que durante siglos, mis padres, mis abuelos, mis bisabuelos, siglos han estado aquí. Y cada año más gente. Y cada año más jóvenes. El Señor de los Milagros es una maravilla.

¿Qué puedo decir del Papa? Que nos pide todos los días: “Recen por mí, recen por la Iglesia”. No es un momento bonito. Es un momento de esfuerzo, de trabajo, de dolor. El desorden que hay en el mundo es muy grande. Por eso, la Iglesia, faro que guía. Jesús en la cruz, faro que guía, amor, consuelo, ternura. No tengas miedo.

Hermanos queridísimos, hijos míos en Cristo, amemos al Señor de los Milagros, llevemos al Señor de los Milagros, entrégale todo al Señor de los Milagros. Él recibe en su corazón tus dolores, tus problemas, tus necesidades. Y Él me encarga para decirles a todos Gracias pueblo peruano, qué fe más grande, qué ejemplo le hemos dado al Papa, qué alegría se ha llevado viendo a este pueblo creyente. ¡Qué viva el Señor de los Milagros! ¡Qué viva el Perú!

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