Homilía en Clausura de 40 días por la Vida

domingo, 4 noviembre 2018

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Clausura de 40 días por la Vida
Basílica Catedral de Lima
Domingo 4 de noviembre de 2018

 

Queridos hermanos en Cristo Jesús, en esta Eucaristía, como todos los domingos la palabra de Dios nos ilumina para que sea verdaderamente palabras que se quedan en el corazón, que nos ilumina todos los días, no solamente un momento. Y es el Deuteronomio, las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, está es la indicación que Dios da, no es que tengamos una gran memoria, es que Él, Dios, no está dando una indicación, la palabra mía, de Dios, quedará en tu memoria, no se olvidará. Yo que soy la palabra permaneceré vivo en tu interior, vale la pena recordar lo que ha sido la promesa, la educación, el mandato que Dios ha dado, el que hoy se olvide no es señal de que no haya dado ese mandato, y, por lo tanto, desobedecerlo sigue siendo muy grave, no es problema de si voy, de si escucho mejor la palabra, si hoy hay más ambiente, si hoy la gente obedece mejor, la palabra que hoy te digo quedará en tu memoria. ¿Y cuál es tu palabra que nos dice en este mismo pasaje? Amarás al Señor tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, es un amor total, exclusivo, toda la fuerza, todo el corazón, toda el alma, eso no es una estrategia, eso no es un proyecto, es que si la palabra de Dios va quedar siempre en tu memoria, el me da ese regalo, entonces él va decir que palabra va ser está: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu vida, esa es la palabra que quedará siempre en tu memoria, amor que preside, que dirige, que es el que pone tu identidad, en eso podemos decir que somos creaturas de Dios.

No hemos salido de un átomo, no hemos sido producto de una investigación, Dios no has creado y nos ha dejado esa huella. Si tú ves el ADN de un hijo de Dios, de una criatura de Dios, en su corazón dice que debe amar a Dios, con todo, está ahí, es la marca que es una criatura que esta creado por Dios. En estos tiempos de tantas frivolidades, todo se olvida, y se discute, pero si uno quiere hablar de Dios, si uno quiere vivir su fe no puede hacer retazos, pedacitos, porque entonces inventamos una religión que ya no es la de Él.

Por eso, en el pasaje de los Hebreos, en la segunda lectura dice muy claramente que Jesucristo es el sacerdote eterno, único porque se ofrece Él, el sacerdote es quien ofrece una víctima a Dios, había sacerdotes en el antiguo testamento ¿Cuál es la diferencia? Que Jesucristo se ofrece Él, Él es sacerdote y víctima, no trae un cordero, no ofrece, se ofrece Él, y es el único sacerdocio que no pasa. Es eternamente presente y en cada Eucaristía, como ahora, ese sacerdote, Cristo, se ofrece a sí mismo, se renueva de manera incruenta su muerte en la cruz, su ofrecimiento por los pecados, su perdón por los pecados, y también se ofrece en la misa esa resurrección, toma mi cuerpo, también muere y resucita.

Y esa Eucaristía, quedará en tu memoria, son palabras del mismo Cristo, pero el mundo de hoy pasa por alto las palabras, nuestra religión es una religión revelada por Dios sellada como garantía con la sangre de Cristo, es la fuerza de nuestra fe. Por eso nos une Cristo a ese único sacrificio que se renueva en la misa, un sacrificio solemne, definitivo en la que la sangre de Cristo es derramada por todos los pecados de toda la historia de la humanidad, en primer lugar, los míos. Esto es lo solemne, esto es lo sagrado, esto es lo que hace que no cambie, que no pase la ley de Dios, no lo que diga un diario, lo que diga un grupo, no lo que diga una mayoría, estamos en una iglesia que es cuerpo de Cristo, cuya cabeza se ofrece en cada Eucaristía, en que esa solemnidad es la que me da fuerza para luchar, para que la verdad de Cristo, para que la verdad de Dios no desaparezca en la soberbia de la humanidad contemporánea o en la frivolidad.

Por eso en este marco, entiendo el valor sagrado de la vida humana, porque si el gran misterio, el solemne y absolutamente impresionante misterio que Dios crea al hombre y a la mujer y a su imagen y semejanza, no puede hacer más, no lo ha hecho a los ángeles o a los árboles, ni a los astros, ni a los insectos, al hombre, lo hizo a su imagen y semejanza, obra cumbre, obra maravillosa donde se vuelca el amor, la felicidad, el deseo de compartir su divinidad y cómo esa criatura cometió el pecado, se rebeló por soberbia, como ahora, no me interesa lo que dice Dios, no me importa lo que diga la Iglesia, yo soy dueño de mi cuerpo, de mi vida, de mi libertad, ¡no! No eres dueño ni de un pelo, lo dice la misma escritura: no se cae un solo cabello sin que Dios lo permita y ese Dios eternamente paciente en su bondad decide enviar a su Hijo, Jesús, palabra de Dios: Anda, háblales, enséñales, acompáñalos, convéncelos, y te pido algo muy grande, entrega tu vida en la cruz ¿Por qué Padre? ¿Por qué me abandonas? ¿Por qué tengo que beber este cáliz? Por esta gente rebelde, soberbia, terca, pecadora y el Hijo dice: Haré tu voluntad y la hace y la renueva en cada misa.

Ya no somos solo criaturas sino Hijos de Dios, pertenecemos a ese Cuerpo de Cristo, no es una imagen, es una realidad, y por eso todas las criaturas que vienen al mundo son criaturas de Dios, por el bautismo pasan a ser hijos de Dios en Cristo. Por eso la gran tarea de bautizar a las criaturas cuanto antes, no privarlas de ese regalo de incorporarse a la familia de Dios.

Pues hermanos, esta maravilla de la vida humana, está maravilla de ser, porque lo contrario de la vida humano es el no ser, no solo no existir, la nada, de la nada Dios me da la vida, de esa nada Dios me da su divinidad y ¿cómo es posible que sus criaturas maten mediante el aborto? ¿Cómo es posible? ¿tan endiablado está el mundo? Sí. ¿Tanta soberbia hay en el mundo? Sí ¿Tanta gente está en manos del demonio? Sí. Por eso la oración para decirle al Señor: Ten compasión, termina este tiempo tan fuerte en que tus hijos, tus criaturas se matan unos a otros y de manera especial a los más indefensos, en el vientre de la madre.

Por eso esta iniciativa de la campaña de los 40 días por la vida, es una campaña para implorar la misericordia, para dar un mensaje de esperanza a tantas personas que se ven chantajeadas, amenazadas por ese daño y le da miedo a veces ir adelante con su embarazo, pero no les da miedo matar, ¿qué raro? ¿qué demonio más grande y más feo se ha metido en el mundo? Hay que estar muy mal de la cabeza y muy mal del alma, realmente es una presencia del demonio que de manera silenciosa elimina millones de criaturas, de vidas, ante el silencio cobarde de la humanidad.

Hermanos que el Señor se apiade de nosotros, somos cómplices, somos la generación que ha callado desde hace décadas, somos la generación que va permitiendo en aras de la apertura que el demonio vaya tomando cada vez más el mensaje de Cristo, engañando, donde quedo este mandato: Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria ¿Dónde está esa memoria? Quinto Mandamiento: No matar ¿Dónde está esa memoria? Pidámosle al Señor que tenga compasión, es un mundo que asfixia, mientras haya tanta mentira, tanta hipocresía en este aspecto, matanza de criaturas en el vientre de su madre, no se puede respirar en un mundo que está contaminado por el demonio y por la muerte y cómplice con su silencio, es irrespirable, de ahí vienen los problemas matrimoniales, los problemas de la familia, la violencia, la desigualdad económica, los problemas sociales, de ahí viene todo, quien mata a una criatura a qué no se atreve, si ha hecho lo peor.

Contra eso le decimos también al Señor: Ilumina y apiádate, tal vez presionados, asustados, ignorantes, ten compasión de ellos, perdónalos, pero no bajemos ese mandato de Cristo, sigamos rezando y ofreciendo esa penitencia, no es una campaña es el mismo Cristo que se hace presente a través de nosotros y que nos dice ábrele el corazón a esa gente, conmueve a esa gente, diles que yo estoy aquí, que soy la misericordia infinita y del perdón, pero no te calles.

Madre mía, danos esa fortaleza y danos esa paciencia para saber acompañar a la agente en tantos momentos difíciles como vivimos en estos tiempos, así sea.

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