Homilía en Primer Domingo de Adviento y 30° aniversario de la PNP

domingo, 2 diciembre 2018

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
I Domingo de Adviento
30° aniversario de la PNP
Basílica Catedral de Lima
– Domingo 2 de diciembre de 2018 –

 

Queridos hermanos en Cristo Jesús, hoy al iniciar el adviento, también estamos celebrando, el trigésimo aniversario de creación de la Policía Nacional del Perú, por eso un saludo al Señor General, Carlos Morán, Ministro del Interior, al ahora Comandante General de la Policía, al General José Luis Lavalle, al Jefe de Comandado Conjunto Conjunto, General César Astudillo; al congresista General Marco Miyashiro, a toda la familia policial que hoy se ha congregado aquí en la Basílica Catedral.

En primer lugar, la Iglesia nos enseña, con esa frase, ven señor no tardes, nos enseña que estas cuatro semanas son ya para preparar el corazón, para que la alegría del nacimiento del Hijo de Dios, nos encuentre con el corazón limpio. Y al mismo tiempo preparar a la familia, costumbres del hogar, costumbres también de muchos ambientes de trabajo en donde el nacimiento, el árbol, la corona, se van viendo señales de esa profunda revelación: Ya viene.

Cuidar ese consumo exagerado porque no es un problema económico, es un problema de la jerarquía de valores, donde más importante es un juguete y no la fe del amor, la fe de Jesús que viene, la fe de la familia que se reúne con alegría, si todo eso lo intercambiamos por el tamaño del regalo pues vamos distorsionando la jerarquía del niño que empiezan a ver la navidad como un concurso de regalos. Todos hemos recibido regalos, pero es importante que eso no ponga en segundo lugar, que Jesús viene, es una fiesta espiritual, viene el salvador del mundo, el que perdona los pecados, a veces, lo pensamos, nos parece que Jesús es alguien a quien le decimos algo, pero no es el centro de nuestras vidas. Reflexionen, Dios nos creó, nos dio todo, la vida, la familia, la inteligencia, podemos discutir mucho pero el creador nos dio este mundo maravilloso y cuando lo entregó en manos nuestras en poco tiempo los destruimos, la desobediencia, el orgullo, la violencia, la soberbia hizo que, por ejemplo, hizo esa torre de Babel para hacer un regalo al cielo, creían que eran dioses.

Y Dios confundió las reglas y ya no pudieron trabajar juntos porque no se entendían y más adelante cuando todas las criaturas empiezan a hacer barbaridades, Dios separa en el arca de Noé a un grupo y destruye todo lo demás, no ha salido bien, y así vamos viendo a lo largo de la historia del hombre que de alguna manera quiere como ser como Dios, hasta que viene Jesús, el acontecimiento más extraordinario, paremos un poco cada uno en su casa, en su trabajo, en su hogar, ha venido Dios, Dios se ha hecho hombre, a partir de eso todas tus actividades pueden ser elevadas a Dios, él ha trabajado, ha estado en una familia, ha caminado, ha jugado con sus amigos, ha tenido momentos maravillosos con sus padres, todas las actividades humanas han sido elevadas a una condición divina, por Dios, por Jesucristo. Por eso cuando viene la navidad entra un ambiente de felicidad, de paz, de alegría, de perdón, y eso es lo que pido a Jesús que, en estas cuatro semanas, la felicidad, la paz, esa fe en la eternidad, pensemos también, esas semanas de adviento, advenire, está por venir: Ven Señor Jesús, no tardes.

Y hoy quisiera dirigirme a la familia de la Policía Nacional del Perú, darnos cuenta que cada uno de ustedes tiene un recuerdo lleno de ilusión en el día que ingresaron a la escuela de oficiales y suboficiales, con qué ilusión los papás los despidieron, tal vez una lágrima y decían: Se va mi hijo, qué será de él, pero eran enorme el conjunto de ilusiones, de sueños, y también en la familia un conjunto de preocupaciones, dónde estará, cómo estará, no ha llamado, sí ha llamado, todo ese conjunto de dimensiones de tejidos tan importantes que son lo que le da a la Policía un sentido humano muy profundo, es un proyecto lleno de ilusión, uno puede hacer un poco de examen y preguntarse: ¿cómo ha ido el trabajo? ¿Cómo ha estado mi familia? ¿Cuánto tengo que agradecer a mi esposa, a mis padres?, cuántos recuerdos, cuántas ilusiones, también cuántos dolores, gente que perdió la vida sirviendo a la patria, gente que pasó por momentos difíciles en su carrera, en su trabajo.

Todo esto tiene que calar el alma de los que sirven a la patria, esa disciplina, ese refuerzo yo lo resumiría en una sola palabra, servicio. Es una vocación de servicio y con mucho respeto les puedo decir servicio a la patria, no necesariamente al gobierno, a la patria, hay una distinción, de estado peruano, la patria peruana, el gobierno, es una institución tutelar, que tutela, guarda, cuida, sirve, a veces con muy poco reconocimiento, con un maltrato notable, a veces con un servilismo que tampoco es bueno, esa personalidad, esa identidad de esta policía unificada es un desafío permanente.

Hoy estamos siempre hablando y buscando, cómo fortalecemos las instituciones, ese cuerpo que constituye las diferentes instituciones no puede ser todo oreja, pues sería un monstruo, ni todo cabeza, ese conjunto de las instituciones si cada una de ellas cuida con esfuerzo y responsabilidad su propia identidad habrá la sinfonía del Estado sino desentona. No es problema de encuestas, ni es un problema de medios de comunicación, es un problema de respeto de cada uno a su institución y de amor a la patria, en una variedad maravillosa, mucha gente y muchas opiniones, pero las instituciones sólidas, firmes, respetar no prestándose a actitudes y a cosas que no le corresponden.

Por eso hoy, al felicitarlos, de manera especial elevaré mi oración por sus familias, de los oficiales, de los suboficiales, no dejemos de cuidar de que la gente pueda trabajar en paz, no estamos hablando de estar a espaldas a los problemas, pero los problemas no se vencen a golpes, a insultos, a amenazas, hay algo más grande en el alma humana, perdón, el diálogo, el respeto, por eso le pido a Dios que en estas semanas de adviento ilumine a todas las familias policiales, rezaré también por las almas de tantos miembros de la policía que en estos años ya están delante de Dios, que Dios los bendiga, que Dios los proteja, y que Dios les de ese sano orgullo de estar al servicio de la Patria.

Una sola palabra, a mis compañeros de promoción de la Universidad Nacional de Ingeniería, que hoy han querido venir y que también para nosotros es un recuerdo, esos ideales que todos teníamos en el alma cuando entramos allá por el año 61 a la Universidad Nacional de Ingeniería, a todos, son tiempos de familia, hogar, de felicidad, de contemplar a Jesús y de rezarle a Él, le pedimos a su Madre porque ella más que nunca estará en estos días, esperando, la mujer que espera al hijo, es una maravilla.

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