La Adoración perpetua del Santísimo Sacramento es el esfuerzo extraordinario que Dios nos pide hoy para derramar sobra la humanidad sus gracias extraordinarias.

Cuando estemos dispuestos a hacer en la tierra como en el cielo, es decir, adorar a Dios perpetuamente, entonces Dios creará un “nuevo cielo y una nueva tierra”. La Adoración perpetua del Santísimo Sacramento, es la solución a nuestros problemas del declive de las vocaciones, de la desintegración de las familias y del abandono de la fe de muchos hermanos que van en búsqueda de sectas fundamentalistas.

La Adoración perpetua es un llamado de alerta a los fieles a desarrollar una relación personal con Jesús, nuestro Salvador, realmente presente en el Santísimo Sacramento. Jesús quiere transformar el desierto en una huerta mediante la Adoración perpetua, allí entenderemos mejor la belleza y el poder del Santísimo Sacramento en la culminación del plan de Dios en la historia de la salvación.

El valor de una Hora Santa de oración, la importancia de una capilla de adoración perpetua va más allá de nuestra capacidad de pensar, imaginar o aún de desear, vale mucho más de lo que podamos estimar.

Conocemos que todos los santos sin excepción fueron amantísimos de esta dulcísima devoción, como que en la tierra no es posible hallar ni alegría más pura, ni tesoro más rico que Jesús sacramentado.

Además que está fuera de dudas que entre todas las devociones excepto la recepción de los Sacramentos, ésta de adorar a Jesús Sacramentado, es, sin contradicción la primera y más agradable a Dios, y para nosotros la más ventajosa, de allí la importancia que las parroquias tengan una capilla de adoración perpetua o se utilice al mismo tiempo si no hay posibilidad de una capilla.

Sabemos también que el tiempo que pasemos en presencia de este misterio Divinísimo será el tiempo que más ventajas nos traerá en vida y más consuelo a la hora de la muerte y por toda la eternidad, y saber que ganaremos tal vez más en una hora santa de oración ante el Santísimo que en todos los otros ejercicios espirituales del día.

Jesús nos llama y nos dice a cada uno de nosotros: “tengo sed, una terrible sed de ser amado por ustedes en el Santísimo Sacramento”.